
El personaje del que vamos hablar hoy, lejos de ser un paria, un rechazado, o un caído en desgracia, representa posiblemente lo máximo a lo que cualquier protagonista de videojuegos puede aspirar. Como en todas las grandes historias de superación, nuestro héroe comenzó desde abajo, con un trabajo de lo más humilde y un horario que no se lo desearía a nadie. Pero el éxito no siempre se alía con los más guapos, y a pesar de ser bastante feo y no muy espabilado, consiguió prosperar. Al principio sencillamente se pudo permitir el lujo de pagar trabajadores que le hacían el trabajo sucio, pero con el tiempo el dinero fue entrando a raudales y la fama le abrió puertas que nunca se habría imaginado siquiera que existiesen. Del día a la mañana le estaban pagando por hacer todo tipo de actividades recreativas, como jugar al golf o al tenis, participar en espectáculos televisivos, pilotar coches de carreras, tocar música, pintar, e incluso actuar en combates de lucha libre. Y lo mejor de todo, a la gente le encantaba. Se había convertido en un icono cultural.