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Que los juegos de plataformas con vueltas de tuerca están de moda no es ningún secreto. Braid consiguió darle un nuevo matiz a un género estancado en los fontaneros bigotudos y personajes saltarines de dudoso carisma, y Little Big Plannet terminó de empujarlo por el tobogán de la innovación. Por el camino aparecieron títulos como Crayon Physics, Scribblenauts o Henry Hansworth, que no hicieron sino darle más lustre a esta segunda edad de oro del plataformas. Y en eso que llega Max & the Magic Marker y se me atraganta.