Unas Últimas Palabras, si me lo permiten

Los caminos de EPI son inescrutables

Escrito por en Artículos - 19 agosto, 2023

Había una vez un chaval al que le gustaban mucho los videojuegos. Había visto a su hermano mayor, que muy apropiadamente se llama Mario, jugarlos desde que tiene uso de memoria, aunque en casa no es que sobrara el dinero y no había mucha variedad. Por eso los vivió vicariamente durante muchos años a través de la revistas que hablaban de ellos. Y quizá por ello, cuando se hizo algo más mayor, se dijo que escribir sobre videojuegos era su vocación.

Hola, soy Bruno Louviers, aunque ya no uso mucho ese nombre, y la primera cosa que voy a escribir en EPI en años es sobre mí y sobre mi trayectoria como periodista especializado en videojuegos. Sin duda, no hubiera sido la misma si un buen día no le hubiera dicho a Andrés y a Nelson de entrar a escribir en este blog después de haber pasado por alguno que dejó de existir (Dandel, vaya cosa pretérita aquello) y haber intentado copiarles en otro (ThePadToday, donde también escribió el bueno de Afilamazas).

Una cosa que aprendí durante estos años es que a veces hay que escribir para uno mismo. El problema es que para ello primero tienes que haber hecho 10 noticias de mierda, haber planificado un montón de otras chorradas, responder a mails que no te importan demasiado y haberte tragado el orgullo (y las ganas de matar) un par de veces. Porque resulta que el mundo laboral, sobre todo cuando tiene que ver con algo que te entusiasma, con algo que encima implica cierto grado de imaginación o creatividad, es muy probable que te destruya y te acabe haciendo odiar lo que tanto te gustaba. Fue un poco mi caso.

Poco después de empezar a escribir en EPI allá por 2012, dejé de colaborar por la por entonces llamada Nintendo Acción, cuyo nombre se modificó a Revista Oficial de Nintendo después de que alguien en la cúspide internacional de Nintendo dijera ‘pero esto qué es!?’ y que moriría pasados unos años. Lo hice para empezar a colaborar en las también ya difuntas Revista Oficial de PlayStation y GamesTM. Importante matiz el de la palabra ‘colaborar’, porque no sería un trabajador asalariado hasta pasados varios años.

Resulta que lo primero de lo que te das cuenta cuando quieres trabajar en periodismo, pero posiblemente también en cualquier otra cosa por vocación, es que van a aprovecharse económicamente de ti. Te van a exprimir como una naranja. Nada de pagarte taxis, dietas o incluso la consola que vas a usar para trabajar, y da igual que estés yéndote a Los Ángeles en un viaje de casi ida y vuelta en el mismo día para hablar con uno de los desarrolladores de tu juego favorito. Eres joven y puedes con todo.

Sí, claro que hay cosas buenas: pasar 10 minutos con una figura que admiras, recibir juegos antes de tiempo y gratis, todo el proceso de construirte una opinión y expresarla públicamente, incluso si esta pasa por varios filtros y hay algo de censura… Hay cosas buenas, pero no compensan cuando ganas 500 euros al mes. Por eso la norma, y lo que yo tenía que hacer, era tener acumular varias colaboraciones para con suerte raspar mil euros al mes. Y no te olvides de restar la cuota de autónomos, ojo.

No recuerdo mi récord de colaboraciones, pero posiblemente fueran 6 o 7 a la vez. Micromanía (sigue viva, ojo), Mundogamers (dead), XGN (no, no es IGN, esto era otra cosa), Xataka, El País, El Diario, El Mundo… Son solo algunos de los medios donde plasmé mi firma. Durante un tiempo, estuve también en un estudio de videojuegos nacional haciendo un poco como de Community Manager (adelantando cosas aquí), pero me echaron un viernes por la tarde y diciéndome que no volviera el lunes. Porque también era autónomo, claro.

La de tonterías que he escrito, virgencita…

Con todo, y habiendo hablado con mucha otra gente sobre todo esto, puede decirse que era un tipo afortunado. Podía malvivir trabajando de lo que me gustaba y tenía acceso a cosas chulas, además de que mis compañeros siempre eran brillantes y aprendía constantemente de ellos. Desde John Tones y Javi Sánchez, hasta Bruno Sol y Marcos García, pasando por muchos otros que a día de hoy siguen estando en mi vida y puedo llamar amigos.

Otra cuestión es que te sientas afortunado, porque tarde o temprano (más bien temprano) ‘trabajar en lo que te gusta’ no compensa, tu mente se deteriora por los ritmos, las decepciones, el estrés constante, y caes en una espiral de absoluta demencia y tristeza que convierte en una persona llena de frustraciones y que, a poco que seas mínimamente inseguro, te hace dudar de la calidad de tu trabajo, de tu capacidad para trabajar y de tu talento. Puede que haya gente ahí fuera que pueda con esto y con más y que sea feliz viviendo así. Yo no pude.

Me di cuenta de que el problema nunca fueron yo ni mis habilidades, sino que la prensa de los videojuegos es así. Se alimenta del talento de gente joven a la que los medios mastican, escupen y sustituyen rápidamente por otros y donde solo unos pocos pueden vivir cómodamente. Y tampoco tanto, que lo sueldos de los que están contratados y dirigen el cotarro siguen siendo una basura. Con todo, solo les deseo lo mejor a todos los que sigue manteniendo a flote algo tan complejo y que no para de recibir golpes por todas partes, sea porque nacen nuevas formas de competencia o porque no hay publicidad suficiente y hay que hacer malabarismos para pagar los sueldos.

En 2016, tras cinco o más años haciendo esto y sin muchas perspectivas de futuro, tuve la oportunidad de escapar. Así conseguí mi primer contrato como periodista asalariado, lo que en ese momento me parecía todo un hito personal. Como comenté antes, mandaba colaboraciones a El Mundo ocasionalmente, y en un momento dado, gracias a mi buen amigo, mi hermano, Daniel J. Ollero, y a Sara Polo, pude entrar a trabajar en la sección de Tecnología de dicho periódico, que se había quedado desierta tras la jubilación de oro de su anterior responsable. Nunca tuve el cargo de responsable, ni el sueldo, pero ejercí como tal durante varios años.

No era mi sueño trabajar en un periódico de derechas, pero resulta que entre la seguridad de tener un sueldo fijo y entre malvivir sin poder ahorrar, mirando la cuenta del banco cada día y siendo profundamente infeliz escribiendo sobre la cosa que más me gusta en el mundo, pues lo mejor era dejarlo y ser periodista de otra cosa. Y oye, ni tan mal. Escribir de cacharros y cosas de Internet en una redacción está muy bien, podía seguir escribiendo de videojuegos de vez en cuando, y hasta colaborar con otras secciones cuando podía o me dejaban.

El problema es que el periodismo ya no me gustaba, había perdido la ilusión que tenía cuando empecé. Cuando abusas de algo, es lo que hay. En apenas un par de años, volvía a estar sumido en una catedral de desazón personal sin ninguna manera a la vista de autorrealizarme mínimamente en el trabajo. Y vaya, que no es como si en El Mundo no hubiera otros problemas que también perjudicaron a mi bienestar y mi tranquilidad, empezando porque en cinco años solo me subieron el sueldo una vez y porque tuve una oferta para irme a otro sitio.

Cuando era autónomo y escribía solo de videojuegos, acabé aplastado por el peso de la precariedad. Cuando era asalariado y escribía de más cosas en un único sitio, me di cuenta de que el periodismo no era lo mío. Aún envidio a los amigos que tengo en la profesión y que se mueren por encontrar y contar una buena historia, pero yo simplemente no era así. Fue difícil encontrar una salida de nuevo. Por mucho que en la ficción te animen a dejar lo que haces y buscar tu camino, las facturas no se pagan solas y es posible que no sepas por dónde quieres tirar.

Por suerte, se presentó una oportunidad y que supe aprovecharla. En la vida hace falta tener un poco de suerte, aunque luego depende de uno mismo no ya aprovecharla, sino estar a la altura de las circunstancias. Y no lo hubiera estado si durante años no hubiera estado jugando a un videojuego llamado Destiny. Llevo más de mil palabras, así que va siendo hora de mencionar el juego que ha cambiado mi vida.

Irónico que nunca escribiera de Destiny en EPI

No exagero lo más mínimo. Destiny fue una vía de escape durante mis peores momentos como autónomo, un lugar al que podía llegar y tener siempre algo con lo que mantener mi mente ocupada. Nunca podré agradecer lo suficiente a Víctor Junquera, mi jefe en Mundogamers y XGN durante un tiempo, que un día me dijera: «Este juego tiene muchas búsquedas por SEO, quizás podríamos hacer alguna guía sobre él». La bonita ironía de que empezara a jugarlo por trabajo es que ha terminado convirtiéndose en mi trabajo.

En 2021, dejé de trabajar en El Mundo, y dejé de ser periodista, porque conseguí un puesto en Bungie como Responsable de Comunidades del Sur de Europa y Latinoamérica de Destiny 2. Sigo trabajando en el mundo de los videojuegos y escribiendo bastante, aunque solo sobre mi juego favorito y en inglés. No os miento con esto último, que esto lo he escrito yo de arriba a abajo. Y esto. También esto.

Aunque llevo ya año y medio en la empresa, hay días donde tengo que parar y echar la vista atrás para creérmelo. Y me acuerdo mucho de las palabras de mi amigo Omar Álvarez, a quien echo de menos todos los días, cuando me animaba diciéndome que yo llegaría lejos y acabaría en Bungie haciendo algo. No es porque trabaje para una empresa de videojuegos internacionalmente reconocida ni porque me crea importante por ello. Simplemente, y por triste que pueda sonar a mis 34 años, lo que pasa es que por primera vez soy plenamente feliz con lo que hago y me siento realizado. Es una mezcla entre hacer algo nuevo, no parar de aprender, tener a quien recurrir cuando no sé hacer algo, sentirme que lo que aporto marca una diferencia… Una suma de muchas cosas que por razones que siempre habían escapado a mi control nunca había tenido como periodista.

No sé muy bien por qué he escrito todo esto, pues una cosa que también aprendes con los años es que te da igual lo que vayan a pensar los demás de ti y que no necesitas compartir tu opinión con desconocidos para conseguir validación, que es quizás otra de las razones que me empujaron a escribir. Si he escrito esto es porque tengo la certeza de que sin El Píxel Ilustre no hubiera llegado a estar donde he estado.

Con EPI mejoré escribiendo y conseguí cierta visibilidad por los temas y el tono en el que hablábamos. Esto me ayudó a conseguir mis primeros trabajos como periodista de videojuegos, lo que a su vez me hizo mejor comunicador. Sin esto, no hubiera llegado a trabajar en un sitio relativamente más serio y donde desempeñé funciones más complejas y de responsabilidad. Y a esta experiencia sumadle que me había molestado personalmente en entender un juego que me gustaba mucho, así como su comunidad de jugadores, de creadores y la empresa que lo desarrollaba, hasta el punto de que cuando se dio la oportunidad, estuve a la altura de las circunstancias y pude conseguir un trabajo que me ha ayudado a estar mejor conmigo mismo y a ser feliz.

Y una última cosa más os diré. Todo eso a lo que tanta importancia le dábamos cuando éramos chavales, que si la ética en la prensa de los videojuegos, que si los maletines, que si las notas, que si quienes se cambian al mundo de las relaciones públicas y el marketing son unos vendidos, que si la objetividad y la subjetividad… Todo ello importa una absoluta mierda cuando estás cobrando mal, no ves claro tu futuro, no sabes qué será de ti si pierdes una sola colaboración y eres simple y llanamente infeliz. Yo tengo bastante limpia la conciencia, os diré.

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Como dice el titular, los caminos de EPI son inescrutables. A mí me han llevado más lejos de lo que nunca hubiera imaginado, y por ello doy gracias. Soy muy afortunado de haber podido escribir de lo que me salía de los cojones y como me salía de las narices en este increíble lugar. Y me hace muy feliz poder escribir una vez más, quizás abriendo mi corazón como no lo había hecho hasta el momento.

Gracias por leerme una vez más. Y si no os ha dicho mucho lo que he escrito, lo siento, pero al menos quedaos con la moraleja. Nunca sabes qué va a influir en tu vida y a llevarla por un camino mejor, así que no desperdiciéis la oportunidad de hacer algo que os gusta u os apetece u os entretiene. Puede que llegado el momento sea lo que que marque la diferencia el día de mañana.

 

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