Jagged Alliance 3 y 1/3

Escrito por en Análisis - 21 agosto, 2023

Jagged Alliance es una de esas sagas que, sin pudor alguno, se dedica a reciclar exactamente la misma historia una y otra vez. Todas las entregas de la franquicia, que son bastantes más de lo que su numeración sugiere, tienen el mismo planteamiento: una persona importante de un pequeño país ficticio —normalmente el heredero al trono o similar— te ha contratado para quitar de en medio a un dictador o dictadora que está oprimiendo a su pueblo. Para ello debes contratar a un grupo de mercenarios, invadir un país y derrocar un gobierno. Ese es exactamente el argumento de Jagged Alliance 2, Jagged Alliance: Wildfire, Jagged Alliance: Back in Action, Jagged Alliance: Flashback, y este Jagged Alliance 3; además de ser muy similar al argumento de Jagged Alliance 1, Jagged Alliance 2: Unfinished Business, Jagged Alliance: Rage y Jagged Alliance: Crossfire. Lo que decía: más juegos de los que su numeración aparenta.

Puede dar la impresión al final del primer párrafo que estoy haciendo mofa de la saga. Y quizá un poco sí. Pero lo cierto es que esta constante repetición temática siempre ha sido un punto a favor de una franquicia un tanto minoritaria, con tendencia a ahuyentar a nuevos jugadores. Contar la misma historia una y otra vez, sencillamente cambiando el aspecto del escenario sobre el que se representa la función, consigue transmitir una sensación de familiaridad muy agradable, que además logra un efecto doble: por un lado, si eres nuevo te permite empezar por donde quieras sin necesidad de tener conocimientos previos; y por otro, si ya eres reincidente puedes permitirte el lujo de prestar menos atención a la historia y centrarte únicamente en los divertidos diálogos que se suceden constantemente entre los mercenarios. Porque si hay un elemento que una a todas las entregas, desde luego ese es el de los mercenarios. Cada uno de ellos tiene su propia personalidad, sus propias características, sus habilidades únicas, e incluso su propia voz. Los hay que se odian entre sí y no quieren trabajar juntos. Los hay que solo trabajarán para ti si ya has reclutado a otro antes. La mayoría de ellos y ellas son clichés andantes y lo son, de nuevo, por diseño: para que se les pueda reconocer al instante. Y funciona.

Mercenarios de Jagged Alliance 2

Si bien a nivel argumental Jagged Alliance 3 luce exactamente igual que sus hermanos pequeños, a nivel jugable sí que se le notan los años. En algunos casos para bien, en otros para mal. La franquicia, especialmente su segunda entrega y sus diversas expansiones y modificaciones, es notablemente compleja y, en ocasiones, obtusa. Un buen ejemplo de esta deliberada decisión de diseño la encontramos en JA2: Unfinished Business. En esta aventura, cuando estás llegando a la isla tras haber contratado a tu primer grupo de mercenarios, un escuadrón de soldados enemigo derriba tu helicóptero y daña el ordenador portátil que necesitas usar para poder contactar con más mercenarios, comprar armas y munición, o recibir información de tu jefe. El portátil, para que nos entendamos, es una herramienta prácticamente imprescindible para tener una experiencia de juego «normal». Es una mecánica que está presente en todas las entregas de la franquicia. Pues no es solo que sea posible terminar el juego con el ordenador dañado —perdiéndote buena parte de la experiencia por el camino— es que debió ser tan común durante la fase de testeo que hay una pantalla de créditos especial para todas aquellas personas que así lo hicieron. Una pantalla de créditos en la que te explican cómo arreglar el maldito ordenador portátil para que, la próxima vez que lo juegues, lo juegues en condiciones. Si eso no es un diseño cabrón, no sé qué lo es.

Esta vaina la ves después de 30 horas

En Jagged Alliance 3 es imposible que ocurra nada ni remotamente parecido. Todas las acciones que puedes y no puedes llevar a cabo están perfectamente telegrafiadas, aunque lo cierto es que el juego consigue mantener un buen equilibrio entre introducir mejoras que sencillamente hacen más cómoda la experiencia y llevarte de la mano hasta la puerta del cole. Es necesario leer correos electrónicos ficticios, gestionar varios escuadrones de mercenarios dentro de un mapa táctico, administrar el dinero que entra y sale de forma regular, entrenar milicias en las ciudades conquistadas, y todo ello manteniendo un ojo en el calendario, porque a fin de cuentas los mercenarios cobran por días y el tiempo es oro. Probablemente no tenga nada que ver con todo esto, pero la sensación que tienes desde la vista táctica, es que así es como se debían sentir los norteamericanos en los setenta, durante la Operación Condor. Con la diferencia de que aquí, en teoría, interpretas a «los buenos» y tu objetivo es derrocar dictadores, no coronarlos.

Las batallas tácticas, que son de largo lo que más tiempo absorbe dentro del juego y la saga, también han sido sutilmente simplificadas en esta tercera iteración. Nada dramático. La mayoría de los enfrentamientos son rápidos y brutales. Los escenarios siguen siendo, por lo general, enormes, con varias capas y niveles que les otorgan una gran flexibilidad. Es posible afrontar una misma batalla de muchas maneras distintas: puedes subir al punto más alto del mapa para intentar quitarte de en medio a todos los enemigos usando un rifle de francotirador, o puedes meterte dentro de una zona cubierta para buscar las distancias cortas y buenas coberturas, o puedes plantar un mortero y un par de ametralladoras pesadas en una región abierta y apabullar al enemigo con una potencia de fuego muy superior, o usar el sigilo y un cuchillo afilado para no tener que disparar una sola bala. Jagged Alliance 3 consigue algo imprescindible en el género de la estrategia por turnos: que la acción siempre se sienta fresca. Siempre hay opciones. A esto hay que unir que, el tipo de mercenarios que tengas a tu cargo, así como el equipo que lleven encima, puede ayudar enormemente a determinar el acercamiento más divertido o efectivo en cada batalla.

Decisiones

Jagged Alliance 3 es una secuela más que digna que, si bien no revoluciona el género como en su día sí que hiciese el nuevo XCOM, consigue modernizar su peculiar fórmula respetando todos los ingredientes que la hacen distinguible. Uno de estos ingredientes, uno que ya creía perdido en esta época de triples A colosales y desarrollos independientes intimistas, es la sensación de tener delante uno de esos viejos dobles A de la época de Xbox 360 y Playstation 3. Títulos desarrollados con el dinero justito, cuya calidad o ausencia de la misma dependía exclusivamente de lo mucho o poco que le gustase el proyecto al estudio encargado de llevarlo a puerto. Así tenías truños como el destartalado Mindjack o auténticas joyas que conseguían sobreponerse a sus limitaciones como Nier*. Jagged Alliance 3 está en este segundo barco. Es una obra con limitaciones más que evidentes que, pese a ellas y quizá precisamente debido a ellas, es capaz de registrar sesenta horas en mi perfil de Steam y dejarme queriendo más.

* Hoy en día a todo el mundo se le hace el culo pesicola con Nier, pero en esta casa lo reivindicamos como la joya incomprendida y adelantada a su tiempo que era desde el primer día.

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