Año 2026. La industria del videojuego sigue siendo una ciénaga en la que casi nada funciona como debería. Un día te despiertas con la noticia de que Epic Games ha despedido a mil personas (¡MIL!) y al día siguiente pues bueno, yo qué sé, llegan las rebajas de año bisiesto de Steam y hay que celebrar. En contadas ocasiones, sin embargo, ocurren pequeños milagros. La Atlantic Games Conference es uno de ellos. En esta segunda edición, que tuvo lugar el pasado fin de semana, el evento, que a muchos nos ha ayudado a situar Carballo en el mapa, ha conseguido hacer lo que cada vez resulta más difícil cuando tus ingresos dependen de algo tan inestable como son los videojuegos: regalarnos un poquito de optimismo.
El Atlantic empezó oficialmente el jueves. Lo hizo con un taller en el que Marina, una de las integrantes de Deconstructeam —ese pequeño estudio valenciano que nos ha dado joyas imperecederas como Sugar Loco Wrestling— estuvo con un grupo de señoras haciendo «pixel art físico» con hilos de colores, agujas y bastidores. Por desgracia llegué con el taller ya empezado. Por suerte, al menos llegué a tiempo para ver a cerca de una veintena de personas tejiendo, bebiendo, comiendo, riendo y pasándoselo bien, con la excusa de un evento de videojuegos. Éxito.
Al día siguiente, viernes, empezaron las charlas y los talleres. También se abrió al público el espacio de los estands, en el que se pudieron probar un buen puñado de juegos indies. Todo gratis. Ni entrar al recinto, ni ir a una de las charlas o participar en uno de los talleres costaba un triste euro. El motivo es que, los principales artífices del evento, Sara Pérez y Juan Martínez, se han matado a trabajar durante meses para que esto pudiese ser así. Lo sé porque también he echado una mano (una pequeñita). Montar un tinglado de estas características supone un dolor de cabeza detrás de otro. Y hacerlo así de bien, mimando cada detalle, es uno de esos motivos de optimismo de los que hablaba al principio.
Las charlas del viernes estuvieron protagonizadas por algunas de las mejores personas que conozco. No en la industria del videojuego, sino en general. Lucía Herrero y Eva Pérez dieron sendas masterclasses sobre gestión de comunidades digitales y estructura de los videojuegos sistémicos respectivamente. Aquiles, una de las personas con más talento de todo el gamedev español, también se subió al escenario para hablar sobre su experiencia y dejarnos una de las fotografías más espectaculares de cualquier evento de videojuegos.
Un evento de videojuegos no está completo sin al menos una noche de travesuras. Y me complace escribir que Carballo tiene una vida nocturna envidiable. Se probaron unos cuantos bares, pubs y discotecas con más o menos éxito y, al final, se llegó a la conclusión de que el Magic, una discoteca que hace honor a su nombre y está regentado por la maravillosa Mónica, es sencillamente insuperable. Entrada gratuita, techo luminoso, birras baratas y un DJ que te acepta todas las peticiones que le haces. ¿Qué más se puede pedir? Yo desde luego no le pido otra cosa a la vida. Gracias por tanto, Mónica.
Todos y cada uno de los días del Atlantic sucedieron muchas cosas bonitas, pero las del sábado creo que se llevan la palma. Un poco antes de la hora de la comida, Victoria Borrás, a quien habéis leído en alguna que otra ocasión por aquí, dio una charla espectacular sobre psicología, terror y videojuegos, que con un poco de suerte podréis ver en YouTube dentro de unos días. Y unas horas después, Juno, de quien ya he hablado por aquí en otras ocasiones, impartió un taller de plastilina precioso que, de nuevo, insufló un poco más de optimismo en todas las personas que tuvieron la suerte de participar. De esto, lamentablemente, no habrá vídeo. De lo que sí que podréis ver algún que otro vídeo (si sabéis dónde buscar) es de la DJ session que se marcó Eyeguys, el creador de Mediterranea Inferno esa misma noche.
Mención especial también merece la charla de Pierre Corbinais, uno de los autores de Wednesdays, que habló durante algo menos de una hora sobre las vicisitudes de desarrollar videojuegos deprimentes. Teniendo en cuenta que el mencionado Wednesdays es una obra autobiográfica sobre abusos en la infancia, yo diría que algo sabe. Dado el tema, la charla podía haberse convertido en un baño de lágrimas y, sin embargo, terminó siendo con diferencia la más divertida de todas. Si podéis, ved la charla. Y jugad al juego, porque es una maravilla.
Quizá el secreto del éxito de este Atlantic es que nos enseña qué aspecto tendrían otros mundos posibles. En oposición a este sector turbocapitalista que habitamos, dominado por empresas criminales que tratan a personas como si fuesen engranajes, la Atlantic Games Conference nos permite soñar con una realidad paralela. Una más bonita. Una que todos (o eso quiero pensar) preferiríamos. Y que sí, que ya sabemos cómo funcionan las cosas y sabemos que todo va a seguir igual. Pero se agradece este oasis en mitad del desierto.
Estoy escribiendo esto a unas horas obscenamente intempestivas porque, pese al cansancio, es lo que me pide el cuerpo. No sé si será contraproducente. El caso es que necesito poner por escrito lo importantísima que es esta Atlantic Games Conference, lo muchísimo que ayuda a dignificar los videojuegos y a las personas que los hacen posibles. Durante un fin de semana, Carballo ha sido un auténtico refugio para los que amamos los videojuegos. Un espacio seguro. Esta industria necesita más eventos como este. Hacen falta espacios así de bonitos, así de optimistas, que nos permitan seguir creyendo que realmente merece la pena meterle horas, esfuerzo e ilusión a todo esto. Porque si algo nos ha enseñado el Atlantic es que sí, merece la pena.
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