Guadalindie, donde nace el amor por los videojuegos

Escrito por en Artículos - 7 mayo, 2024

Este pasado fin de semana se celebró en Málaga la feria de videojuegos independientes Guadalindie. El evento, que ha sido un éxito tan abrumador que muchos aún nos estamos secando lágrimas de felicidad, ha sido posible gracias a la labor mastodóntica de un grupo de voluntarios entre los que me incluyo. Este hecho, el que haya sido un éxito y el que todos seamos voluntarios —incluyendo a Raúl López, su incombustible director— me ha hecho pensar. Y, tal y como animó a hacer Marta Trivi durante el colofón de la feria, quiero reflexionar en voz alta.

A lo largo de los dos días que duró Guadalindie —viernes 3 y sábado 4 de mayo— sus asistentes pudieron disfrutar de la friolera de 27 charlas y talleres distintos, con ponentes del nivel de Leigh Alexander, Aquiles, Daniel Mullins, Diego Freire, Freya Holmèr, Daniel Benmergui, o la mencionada Marta Trivi, entre otros. El nivel fue estratosférico. Lo sé, porque estuve los dos días pegado al escenario, intentando que todo saliese más o menos bien, y tuve la suerte de escuchar a la gran mayoría de los ponentes. Durante una de las charlas del viernes, Jota, uno de los técnicos del Palacio de Ferias de Málaga, se me acercó y me susurró que nunca había visto tanto público junto. Al día siguiente, añadieron un segmento adicional de sillas.

Las charlas y talleres fueron, sin lugar a dudas, uno de los principales atractivos. Pero una feria de videojuegos no es una feria de videojuegos sin… bueno, sin videojuegos. Y en Guadalindie hubo muchos y muy buenos. Todas las personas asistentes pudieron probar más de medio centenar de títulos, algunos ya en tiendas, otros en pleno proceso de desarrollo; unos con mucha prensa, otros menos conocidos. Parte de la gracia de este tipo de eventos, además, consiste en la posibilidad que tienen los desarrolladores de poder intercambiar impresiones, de primera mano, tanto con otros desarrolladores como con publishers o jugadores. Este tipo de interacciones forman parte de la columna vertebral del desarrollo del videojuego. Y me consta que fueron muy útiles y fructíferas para muchas personas.

Además de charlas, talleres y stands con videojuegos, en Guadalindie también hubo varios «juegos» que animaban a los asistentes a interaccionar entre sí, una zona en la que poder jugar a juegos de mesa, una mesa de ping pong en la que podías ganar premios, una app dedicada al networking para los profesionales, un área reservada para que los periodistas pudiesen hacer entrevistas tranquilamente, y un montón de pequeños detalles, casi invisibles para el ojo poco entrenado, que sencillamente hacían que la experiencia dentro del Palacio de Ferias fuese lo más satisfactoria posible para todo el mundo. Y nada de esto fue fácil. Nada llevó poco tiempo. Nada fue barato, ni mucho menos.

Hablando sobre el ya mencionado éxito tan rotundo de la feria con Victoria, surgió un tema de conversación que me pareció particularmente interesante: el tipo de modelo económico, de carácter indudablemente feminista, que ha permitido que este evento ocurra. Una de las ideas que permean dentro de este campo de conocimiento es cómo se da por hecho que hay toda una esfera invisible que soporta, en muchas ocasiones de manera literal, la capa visible del capitalismo que habitamos. No hay lugar a dudas. Hay una serie de personas, tradicionalmente mujeres, que, desde el absoluto anonimato y la invisibilidad, se encargan de que todas las piezas de ese complejo engranaje que es la vida estén engrasadas y giren correctamente.

Guadalindie, así a ojo, sin desvelar ninguna información que no debería, ha costado algo más de más de 100.000 euros. Es mucho dinero. Raúl López, director de la feria; y Lucía Herrero, presidenta de la asociación, han trabajado tantas horas durante tantos meses que, en ocasiones, pensé que iban a desfallecer. Reuniones, llamadas, e-mails, visitas al Palacio de Ferias, visitas al Ayuntamiento, burocracia, más burocracia, más reuniones y más llamadas. Todo trabajo invisible. Igual que todo el curro que hemos sacado adelante el resto de las personas de la asociación: recoger invitados del aeropuerto, montar equipo audiovisual, gestionar prensa, echar horas en taquilla o recepción. Todos trabajos fundamentales, imprescindibles para que todo esto pudiese ocurrir. Todos ellos trabajos invisibles.

Es fácil caer en la romantización de este trabajo invisible, que se hace por amor, por devoción, por cuidados. Es fácil hacerlo cuando algunas de las figuras más importantes del panorama del videojuego independiente de todo el mundo te dicen que nunca habían estado tan bien, cuando consigues crear un espacio accesible y seguro para todas y cada una de las personas a las que quieres cuidar. Es muy fácil caer en esa trampa. Porque es una trampa. La abrazamos con los brazos abiertos porque la alternativa es el colapso. Como dice Amaia Pérez Orozco en su libro Subversión Feminista de la Economía: «Mirar desde la sostenibilidad de la vida implica preguntarnos si al final de todo ese complejo engranaje permite a la gente que lo conforma comer o no, bien o mal, con soberanía alimentaria o sin ella, con tiempo de calidad para sentarse en una mesa, con compañía impuesta o elegida».

En una sociedad mejor, todos los voluntarios de Málagajam nos beneficiaríamos directamente del impulso cultural y económico que, sin lugar a dudas, van a experimentar la ciudad y varias grandes empresas gracias a Guadalindie. O al menos no tendríamos que pedirnos días libres en el trabajo para poder arrimar el hombro. Quiero pensar que esa sociedad está por llegar. Pero, hasta que eso ocurra, me gustaría aprovechar este espacio tan mío para colocar el foco sobre todas y cada una de las personas que lo han hecho posible. Porque si solo con cariño y ganas hemos moldeado una de las mejores ferias de videojuegos de España y, posiblemente del mundo, imaginad lo que podríamos llegar a hacer con el apoyo que nos merecemos. En realidad, tampoco hace falta mucha imaginación: crearíamos, una vez más, el lugar en el que nace el amor por los videojuegos.

Sin ningún orden particular, todas estas personas han hecho posible Guadalindie:

– Sergio
– Gallardo
– Sandra
– Payu
– Cris
– Carol
– Yuen
– Ricardo
– Raúl
– Pedro
– Ángel (Culo)
– Lucía
– Shavs
– Laura
– Furu
– Lucía la Mala
– Javi
– Marta
– María
– Victoria
– Iván
– Gonzalo
– Ralph
– Kiko
– Irene
– Felipe
– Delu
– Eva
– Isma
– Raquel
– Carlos
– Bugue
– Andrés

Y seguro que me dejo a alguien porque soy un desastre.

Felvidek

Wanted: Dead