¡Rubia! ¡Sube que te llevo!

Retro Amor: Out Run

Escrito por en Retro Amor - 24 enero, 2014

El mundo de la automoción me la resbala muchísimo. Nunca me han interesado una mierda los coches, ni las carreras, ni los rallies, ni tampoco era de esos que se metía en una autoescuela nada más cumplir los 18 años. Para mi, un coche es un medio de transporte necesario que me lleva a mi y a mis trastos de un sitio a otro y no un objeto de deseo o un símbolo de estatus. Y, como podéis suponer, los videojuegos de la conducción no son mis favoritos. Pero aquí estamos, hablando de Out Run

OutRun02

¿Y por qué Out Run sí y otros no? Los juegos de coches que me gustan se pueden contar con los dedos de una mano y si me gustan es porque no se ciñen a la estructura habitual del género, la de dar vueltas a un circuito o recorrido, adelantando a los competidores o mejorando nuestro tiempo. Lo que hizo SEGA con Out Run fue poner al alcance de tus cinco duros casi todo lo que molaba en los ochenta.

Imagínense la escena: somos un ricachón con cochazo y andamos vacilando de Ferrari en Los Angeles. Entonces, aparece una rubia despampanante y, tras el provocador silbido que cualquier ave interpretaría como “¡Que ese culito no pase hambre!” la invitamos a darse un paseo en nuestro coche. Entonces la fresca nos suelta que no se acuesta con cobardes que conduzcan a menos de 180 km/h y que le demostremos si somos lo suficientemente macho para disfrutar de sus encantos.

Toca demostrarle a la tiparraca que estamos hechos un pichabrava. Elegimos en el radiocassette de alta fidelidad el tema más animado que pillamos y nos lanzamos de cabeza a la carretera. Destino: cualquiera de los ocho picaderos a nuestra disposición: la cabaña de la montaña, el bungalow en la costa, el ático de la ciudad, la vieja mansión familiar, el yate de papuchi… Era cuestión de elegir uno. Frenar es de mariquitas y hay que llegar antes que la chavala se lo piense mejor.

OutRun01

¿Qué impresionará más a la chati? ¿Camela o los Maiden?

Eso es Out Run: un rápido paseo para vacilar a una tía buena en un Ferrari. Quizás paso de los coches, pero las tías buenas sí que me gustan y, hasta Out Run, ningún juego de coches me había ofrecido tías buenas salvo para la entrega de trofeos, algo que no solía estar a mi alcance gracias a que soy muy torpe conduciendo, tanto en la vida real como en los videojuegos. Comparando con mis experiencias anteriores, en las que no había otro aliciente que competir contra otros vehículos o superar nuestra velocidad y cuyo mayor atractivo gráfico que las curvas y los cambios de rasante de la calzada y ver como las bandas laterales, siempre rojas y blancas, imprimían la sensación de velocidad, el arcade de SEGA salía ganando.

Out_Run_Cabinet_Deluxe_01

Porque no era solo plantarnos una tía buena en el asiento del copiloto y dejarnos elegir la música. El espectáculo visual de Out Run era suficiente como para querer meter otra moneda nada más aparecer la pantalla de GAME OVER. Atravesábamos montados en nuestro cavalino rampante unos paisajes que dejaban en ridículo los grises circuitos de otros juegos. Desde bulevares decorados con palmeras a playas repletas de surferos. Todo lo que podía impresionar a un adolescente estaba en Out Run.

Y, pese a que mis partidas acababan casi siempre con la rubia espatarrada en el arcén y el buga con las ruedas para arriba antes de llegar al primer desvío, Out Run estaba entre mis favoritas del salón recreativo. Años más tarde pude disfrutarlo con más tranquilidad y menos daños económicos gracias a las versiones para Master System y Megadrive. Lo más seguro es que nunca me compre un Ferrari, pero si alguna vez lo hago, la culpa será de Out Run.

Deathlands, hostias metaleras

Retro Mallorca 2014