Cuarenta. Ese es el número de personas de staff que ha hecho que esta última edición de MálagaJam sea posible. Ahí están mi amiga Lucía y mi otra amiga Lucía, dos de las personas más bonitas que conozco, auténticos pilares de la asociación, de mi cordura y del tejido social del videojuego en España. También Raúl, Irene, Nanaki… o bueno, en general, muchas de las personas con las que he ido charlando a lo largo de estos últimos años. Pero en esta edición, entre todas estas decenas de personas que echan una mano desinteresadamente, también había un pequeño grupo de voluntarias, autodenominadas «las cotorras». Amigas de Nanaki, creo. Las cotorras son el futuro. No solo de la asociación, que posiblemente también, sino de una industria del videojuego decrépita que necesita un relevo generacional y emocional como el comer.
La MálagaJam Weekend 20, como no podía ser de otra forma, volvió a ser un éxito rotundo. Aquiles, Wulu y Simón (el hijo de nuestro ilustre ElRosso) montaron el primer Escape Room de la historia de nuestras jams, que tuve la suerte de poder probar. Ari, la única persona celiaca de todo el evento, tuvo pizzas, albóndigas y papas fritas pa’ reventar. El bingo volvió a ser, un año más, una vorágine de elegancia, frenetismo y diversión que ya la quisiera el Casino de Torrequebrada. Juno, a quien conocí el año pasado, estuvo haciendo jueguitos con plastilina con su amiga del cole. E incluso Américo, escasas horas después de terminar el evento, con todo el cansancio y la resaca emocional, me tatuó una gamba fumona en el gemelo derecho. Lo dicho, un éxito.
Sin embargo, todo esto palidece con lo que sucedió el sábado por la mañana. Lucía (una de esas dos amigas tan bonitas que he mencionado antes) es voluntaria en la Protectora de Animales de Málaga. Para esta edición consiguió, por un lado, poner un puesto en el que poder donar todo tipo de productos a la Protectora y comprar merchandising; y, por otro lado, que nos visitaran los perros de uno de los módulos de la Protectora por si acaso alguno de los 300 asistentes de la jam quería adoptar. Estas adopciones, especialmente con perros tan grandes, son muy difíciles. Siendo realistas, lo más probable es que no lleguen a suceder. Pero al menos dos personas, que sepamos, se fueron de allí pensando en la posibilidad de adoptar. Eso ya es un éxito. Y si encima le sumamos que, según me dijo Maricarmen (la voluntaria de la Prote que estaba allí) habían conseguido recaudar más que en ningún otro evento al que habían acudido, pues que queréis que diga, un poquito se me hincha el pecho de orgullo.
El domingo, con los premios recién entregados y la jam oficialmente terminada, tras hacernos la foto del staff, salí un momento a la entrada del recinto y, cuando volví un minuto después a donde estábamos todes, vi a las cotorras llorando. Y me emocioné. Me emocioné porque entendí perfectamente por qué lloraban. Es muy bonito cuando encuentras un lugar al que perteneces de una forma tan rotunda y evidente. Con un poco de suerte, dentro de unos años, cuando una de ellas esté coordinando la recogida de material con mano de hierro y anunciando por el megáfono que más le vale a todo el mundo recoger su mierda, habrá otro pequeño grupo de chicas y chicos y chiques jóvenes, también llorando, sintiendo exactamente lo mismo.
Esto me pasa siempre: que quiero escribir sobre el evento y sobre sus trescientos participantes y sobre lo chulos que están los videojuegos que hacen, pero termino hablando única y exclusivamente sobre las personas que hacen que todo esto sea posible. Raúl, si estás leyendo esto, que sepas que lo escribo con un nudo en el estómago. Te admiro muchísimo. Has ayudado a tantísimas personas a encontrar su lugar en este maelstrom terrorífico que es la industria del videojuego en España, que no sé cómo demonios no te han puesto una estatua en el Polo Digital o en Calle Larios. Dignificas el medio del videojuego. Ojalá poder seguir haciendo lo que sea —ya sea mover cajas o perrear hasta el suelo— contigo durante mucho tiempo.
Sin ningún orden en particular, MálagaJam Weekend 20 ha sido posible gracias a Cae, Gon, Irene, Shavs, Cristina, Mery, Culo, Mery, Rafa, Ángel, Ricardo, Lucía, Lucía, María, Javi, Iván, Raúl, David, Goonie, Aster, Nanaki, Sandra, Kiko, Marta, Ivy, Iván, Paula, Blanca, Cris, Slantar, Delu, Eva, Susu, Victoria, Nae, Alessia, Anavi, Payu, Alan, Mar, Fran, Katia y un servidor. Espero no haberme dejado a nadie, la verdad. También ha sido posible gracias a todas las personas asistentes, por supuesto, muchas de las cuales empiezan a sentirse tan familia como los arriba mencionados. Ahora solo queda ver si hay fuerzas, ganas y dinero para una minijam veraniega…
Sé el primero en comentar...