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Análisis: The Binding of Isaac

Escrito por en Análisis - 31 octubre, 2012

La cuna de Judas fue uno de los instrumentos de tortura más populares durante los aciagos tiempos en los que pululaba por la tierra la Santa Inquisición.

El artefacto era de sencilla manufactura. Unas cuerdas para sujetar al elegido de la pared al cinturón que portaba para la ocasión y un asiento con forma piramidal donde el penado pasaría largas horas de interrogatorio para su pesar. El mecanismo también es bien simple: el verdugo izaba al reo arriba y abajo según dictaran sus macabros deseos mientras el penado iba introduciendo la punta de la pirámide en la puerta de atrás o en las partes nobles de la mujer si se tratara de una fémina. A veces, dejaban al recluso toda la noche sentado en este particular trono puntiagudo con la única misión de tenerle en tensión el máximo tiempo posible porque si no se mantenía en alerta acabaría hincándose el vértice de manera prolongada. Todo muy sangriento y doloroso como bien podéis imaginar.

Otra de los instrumentos preferidos para la tortura era el cinturón de San Erasmo, otro artilugio del mal con nombre eclesiástico cuyo objetivo era herir la carne del sufridor que lo llevase poco a poco, con cada pequeño movimiento que tuviera el afectado. ¿Una leve respiración? Zas. ¿Un simple movimiento? Zas. Este tormento de cinturón provisto de multitud de afilados pinchos interiores se colocaba en la cintura para martirizar y minar la moral lentamente, haciendo que el pobre mortal que lo sufriera se fuera desesperando cada vez más y más. La serpiente que se muerde la cola en el ámbito de la desesperanza. Todo muy cenobita.

Pero no solo de la cuna de Judas o del cinturón del santo vivía el intrépido torturador. En absoluto. Multitud de herramientas retorcidas y dañinas eran usadas para conseguir confesiones, para hacer desaparecer la fuerza de voluntad de la víctima o por pura diversión. La doncella de hierro, la pera, el serrucho, el borceguí, la cigüeña, la horquilla del hereje, el potro, la flauta del alborotador…

Métodos de tortura hay muchos, al igual que videojuegos. He destacado dos métodos con aire a cristianismo porque aúnan los elementos de tortura y religión. Lo mismo que The Binding of Isaac.

Y el ángel dijo: No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada; porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único.

Génesis 22:12

Como muchos ya sabrán, The Binding of Isaac coge la retorcidísima historia del Génesis sobre Abraham y el sacrificio pedido por Dios de su hijo Isaac como base para el punto de partida del videojuego: la madre de Isaac es una fanática religiosa y cree oír la voz de Dios. Después de ir haciéndole caso una y otra vez a esta alucinación (o no) en detrimento de su hijo Isaac, Dios le pide que lo sacrifique como ya hiciera con Abraham. La madre muy dispuesta a ello decide agarrar un cuchillo y encaminarse a ejecutar la palabra del divino. El pobre infante acaba huyendo al sótano de su hogar para escapar de la demencia de su progenitora y es aquí donde empieza lo bueno.

En el sótano del desdichado Isaac hay todo tipo de elementos que descuadrarán la imagen que uno pudiera tener de un habitáculo del estilo. Heces, orina, moscas, sangre y un montón de enemigos salidos de una mente perturbada son algunos de los sospechosos habituales que encontraremos en cada visita que hagamos al sótano de la casa. Eso sí, no esperéis que estas piezas escatológicas os desagraden. Difícilmente podrán turbar vuestros sueños unos diseños con trazos simples que ya conoceréis de sobra si estáis habituados a lo que suele hacer Edmund McMillen, una de las cabezas del Team Meat que esta vez se ha arrejuntado con Florian Himsl para hacer esta aventura indiegente. Aunque se trate de una masa de carne que segrega sangre por toda su anómala superficie, no tendremos que tener una cubeta a nuestra vera por si acaso nos suben las bascas, más bien sonreiremos ante esta macabra pieza carismática. Junto a todo ese aspecto falsamente desagradable que destila el videojuego hay otro componente en el diseño que merece la pena destacar: el uso de elementos propios de la mitología católica. Además del argumento claramente inspirado en este mito cristiano, el juego cuenta con multitud de objetos (y enemigos) que también son baluartes de esta religión.

Esta dualidad cielo/infierno que bien veremos en el juego se trata de una crítica feroz contra el fervor religioso en todas sus expresiones. Aunque aquí se hable de cristianismo, esta crítica bien vale para todo tipo de cultos que toquen los extremos en alguna ocasión. Pero tampoco nos vayamos por estos fueros, esto es un videojuego y su máxima es que nos quedemos prendados del mando. Y esto lo consigue aunque no nos paremos a pensar en todo este contexto religioso. No importa. Lo que verdaderamente cuenta es el efecto que causa The Binding of Isaac en nosotros. Y esto me lleva a hablaros de otra dualidad presente en el título: satisfacción/tortura.

El placer es el Dolor y largo es su camino.

Pinhead – Hellraiser

La mecánica de The Binding of Isaac es sencilla. Muy sencilla. Debemos ir explorando las distintas habitaciones que configuran cada nivel en pos de las escaleras que nos lleven al piso inferior. Simple. Sencillo. Para toda la familia. Bueno, esto último no. Pero no niego a vuestras familias que caten el título por lo desagradable que pueda llegar a resultar para algunas álmas candidas sino porque The Binding of Isaac es uno de esos títulos que, hablando en plata, considero dentro de la categoría de “juegos hijosputa”. Sí. La aventura del bueno de Isaac es difícil, ruin y, a ratos (demasiados) injusta. El hecho de que los escenarios sean totalmente aleatorios influye exageradamente en la jugabilidad de la obra. Y cuando digo totalmente, lo afirmo con contundencia. Objetos, habitaciones, enemigos, jefes finales… Todo es aleatorio en cada partida y esto logra que nunca bajemos la guardia ante lo que nos espera en la siguiente habitación a la que vayamos a entrar. También logra que nos caguemos en la madre de los desarrolladores, pero esa es otra historia.

Así como The Binding of Isaac es un juego “hijoputa” (Hola Super Meat Boy) también es viciante a más no poder. Aunque su apariencia de juego flash pueda confundirnos, no nos equivoquemos con él ya que se trata de un título al que dedicaremos muchas horas. Demasiadas en mi caso. El aprendizaje en el videojuego es insano, a lo old school. Aprenderemos a hostia limpia, muriendo una y otra vez mientras creemos aprender una rutina inexistente en el videojuego. Está claro que los enemigos tienen su patrón predeterminado y que poco a poco nos vamos haciendo mejor al control un tanto tosco de nuestro avatar pero es la aleatoriedad lo que define la jugabilidad del título. Ésta es la razón por la que enfureceremos, patalearemos y golpearemos el teclado y el ratón ante una muerte más. Pero también es la razón por la que inmediatamente volveremos a jugarlo. Ese nuevo descubrimiento que haremos en cada nueva partida, esa sensación de sorpresa ante enemigos u objetos nunca vistos antes hará que volvamos a The Binding of Isaac una y otra vez. La casi infinita cantidad de objetos disponibles también ayuda ya que cada partida será bien diferente dependiendo de los objetos que nos encontraremos en el camino, que además iremos desbloqueando con cada nuevo paso que demos en este fantasioso sótano. Por si no fuera bastante, disponemos de distintos personajes con los que jugar que también cambian nuestra estrategia gracias a que tienen distintas características por lo que hablamos de un juego que, si nos encandila, es eterno.

Reto. Esa es una buena palabra para definir el juego. Lloraremos horrores —para ir en sintonía con el arma principal de Isaac— para llegar a la batalla final contra nuestra madre. Seguramente lo haremos gracias a una excesiva suerte las primeras veces y si por casualidad conseguimos vencerla nos daremos cuenta que nos encontramos ante la punta del iceberg. Aún queda mucho camino que sufrir y más si nos hacemos con su reciente expansión Wrath of the Lamb, pero lo haremos encantados. Empezar una nueva partida a The Binding of Isaac es como intentar conquistar a una fémina distinta cada día. Ya lo hemos hecho en otras ocasiones pero el tortuoso camino para llegar a nuestro objetivo es diferente en cada nuevo comienzo. Bendita tortura.

The Binding of Isaac Ilustre

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