Análisis: DmC

Escrito por en Análisis - 6 febrero, 2013

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Basta echar un ojo a la lista de nicks y avatares de los que pululamos por aquí habitualmente para darse cuenta que la mayoría tenemos la fea costumbre de coger algo que nos guste y hacer de ello un signo de nuestra propia identidad. Nos servimos de elementos del cine, la música, los videojuegos y otras formas de ocio para definirnos a nosotros mismos y diferenciarnos de los demás. Y cuando llegan los legítimos creadores de aquello que algo que consideramos como muy nuestro y lo transforman a su antojo nos cabreamos y pataleamos como si nos hubieran arrebatado una parte de nosotros.

Puedo llegar a entender a los que protestan airadamente con el cambio de Dante de este nuevo DmC. Les han quitado algo que amaban incondicionalmente, como cuando me tocaron Star Wars, metieron a los midiclorianos y adoptaron la estúpida idea que Darth Vader había construido a C3PO siendo un criajo. Me tuve que aguantar como ahora se están aguantando ellos viendo videos y gameplays de ese Dante que parece sacado de un reformatorio haciendo picadillo a unos demonios.

DMC01Sin embargo, considero que la decisión de Capcom ha sido la acertada. La saga Devil may Cry llevaba perdiendo calidad entrega tras entrega. Ninguna de las tres entregas anteriores a este reboot llegaba a la talla de la primera aparición de Dante, ese juego que me dejó maravillado desde que lo probé en el CD de demo que regalaban con Resident Evil: Code Veronica X. El Dante antiguo se había convertido en un cliché del Action-Hero made in Japan, con pelo de pinchos de un color no natural y una espada absurdamente enorme como para ser blandida con facilidad, por mucho origen ultra-terrenal que se tenga.

No creo que a día de hoy, una nueva entrega de Devil may Cry siguiendo con la estética anterior hubiera interesado a nadie más que no fueran los mismos que protestan por la metamorfosis de Dante. La polémica ha ayudado a volver a poner a Devil may Cry en primera plana, gustara o no gustara el rediseño del protagonista. Y, por mucho que les duela a los amantes del viejo Dante, Ninja Theory han conseguido devolverle a la saga el brillo que había perdido con los años.

No solo Dante ha cambiado. Se ha vuelto a reescribir la historia de Devil may Cry desde la base, contando con los mismos ingredientes: Sparda, el padre Demonio, Eva, la madre ángel, Virgil, el hermano gemelo perdido, y Mundus, el destructor de nuestra familia. Pero Virgil ya no es un esbirro de Mundus que se oculta tras una oscura armadura y Mundus no representa el Mal latente, acechando en un misterioso castillo a que alguien le desafíe. Mundus representa esta vez otro tipo de Mal del que todos tenemos los cojones llenos. Aquel Mal que nos pide que nos apretemos más el cinturón mientras él y sus amigotes se reparten sobres llenos de dinero. DmC aprovecha la historia de Dante y Virgil para criticar la crisis actual, relacionando los males de la sociedad actual con entidades demoníacas.

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Y ya metidos en el juego aparece otro personaje, quizás más importante que el propio Dante: el Limbo. DmC sigue el planteamiento habitual de los Hack & Slash: Tirar p’alante hasta que nos atacan oleadas de enemigos hasta que nos los cargamos, se abre el camino y seguimos tirando p’alante. Nada nuevo bajo el sol. Pero entonces llega el Limbo, ese plano que convive con el mundo de los humanos y en el que residen los demonios. Es un plano que se mueve, se expande, se contrae e intenta matarnos como un enemigo más. El Limbo es lo que hace que esos espacios entre combates sean algo más que seguir en linea recta por un pasillo.

Para ello, dos jugosos añadidos: el tirón demoniaco y el agarre angelical. Con el tirón podremos agarrar a los enemigos y ciertas partes del escenario y atraerlas hacia nosotros. Con el agarre seremos nosotros los que nos lancemos hacia los enemigos o las zonas destinadas a ello. Estas dos herramientas hacen que DmC sea uno de los Hack & Slash más plataformeros que he jugado. Buena parte de las misiones nos las pasaremos brincando, columpiándonos y planeando por el Limbo, sin que ello suponga un corte de meada con la acción como pasa en juegos de mecánica similar.

DMC02El resto de características no difieren demasiado de lo jugado en anteriores entregas: la inevitable espada inicial, armas diabólicas y angelicales, pistolitas, escopetas y otras armas de fuego, esquivar dando volteretas, mejora de habilidades mediante almas, misiones secretas ocultas y un modo demoníaco donde a Dante se le pone el pelo blanco y la chaqueta roja. El sistema de combate no decepciona aunque le falta un poquito para llegar a la grandeza de Bayonetta, la auténtica secuela del primer Devil may Cry; a medida que vamos familiarizándonos con los controles y las distintas armas es un gustazo encadenar golpes y combos y ver como nuestra puntuación no deja de subir.

Hará falta acabarse el juego una primera vez para que empiece lo bueno. El nivel más difícil que podemos seleccionar al principio del juego nos sirve para hacernos con los controles y completar el arsenal de Dante. 4 niveles de dificultad más nos esperan a ser desbloqueados y afortunadamente, DmC es de esos juegos que nos importará tres pimientos infernales sabernos al dedillo la historia y donde la diversión no la encontraremos en otro sitio que no sea nuestra habilidad a los mandos. No es un juego de pasar y tirar de los que nos tienen acostumbrados últimamente. A pesar que la primera vuelta nos puede durar cómodamente unas 10 horas, hay juego para rato. Y sin necesidad de innecesarios modos multijugador online.

Admiradores del viejo Dante: apartad vuestro cabreo y olvidad los prejuicios a la hora de darle una oportunidad al nuevo DmC. Ninja Theory ha realizado un trabajo excelente, mucho mejor que cualquier secuela anterior, que ha devuelto a la saga al sitio que merece. Pasad de polémicas y chorradas y probadlo como se merece. Seguro que pocos os arrepentiréis de ello.

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