¿Por qué estoy pagando?

Escrito por en Artículos - 22 septiembre, 2011

DLC
Llevamos un par de noticias en muy poco tiempo relacionadas con esos malditos DLC prematuros que están disponibles desde el primer día o que, sencillamente, están planeados desde antes del lanzamiento del juego. Son noticias que a ninguno nos gusta leer y que normalmente nos encabronan bastante, porque inevitablemente nos parecen un intento obsceno y malévolo por parte de la distribuidora de turno para exprimirnos todo el dinero que puedan. ¿Pero hasta qué punto es realmente así? ¿Tan hijos de puta son los trabajadores de EPIC Games, Square-Enix y especialmente Capcom? Yo evidentemente no tengo la respuesta (más quisiera), pero sí una teoría que me gustaría compartir con vosotros.

En primer lugar, quizás recordéis que hace tiempo ya hablé de cómo el DLC también podía ser bueno, así que obviaremos esa primera parte, que serviría bastante bien de introducción, y nos centraremos directamente en el asunto que nos interesa: si está realmente mal hacer lo que tan descaradamente hacen estas compañías. Mi teoría, que posiblemente esté equivocadísima, es que todo depende de un factor muy sencillo.

Las compañías de videojuegos, como cualquier otra empresa del mundo, tienen un determinado presupuesto que va orientado a producir un título en cuestión. De ese presupuesto salen, entre otras cosas, los salarios de los desarrolladores que con tanto amor y mimo nos brindan la experiencia final. Pues bien, mi teoría es tan sencilla como que todo lo desarrollado con ese presupuesto inicial debería estar incluido dentro del paquete final. Ni más ni menos. Al fin y al cabo si estamos pagando la cantidad de dinero que estamos pagando por un juego es, precisamente, para que esa pobre gente que pica código, diseña niveles y escribe historias de mierda pueda llevar un plato de comida a su mesa. Pero si además de hacer ese desembolso, les damos aún más dinero por algo que han trabajado durante el tiempo que en teoría le hemos pagado con el precio del juego, mal negocio estamos haciendo. Independientemente de que el DLC venga ya dentro del disco o esté fuera esperando a ser descargado, es un negocio pésimo.

Haciendo una extrapolación bien sencilla, podríamos decir que es como comprar una película en DVD / Bluray y que, una vez vista, nos digan que si queremos acceder a las escenas eliminadas y las entrevistas de los directores tenemos que pagar dinero, que todo ese contenido ya está dentro del disco, pero que como no es fundamental para entender la película y es un material completamente opcional, nos lo van a cobrar por separado. Posiblemente nos cagaríamos en la puta muy fuerte y nos mosquearíamos. Y no nos faltaría razón, porque es un material que ya tienen hecho y no les ha costado nada más.

Un caso muy distinto, no obstante, es si el videojuego sale y pese a tener planeado el contenido descargable, este se desarrolla con un presupuesto ajeno al inicial. Al fin y al cabo, si esa gente está currando, por mucho DLC que sea, tendrán que tener una remuneración acorde. Dentro de estos contenidos descargables desarrollados posteriormente al lanzamiento del juego encontramos los que en su día bauticé como «buenos DLCs». Diez euros puede parecer una pasada por un añadido para un juego por el que ya hemos pagado, pero cuando ese añadido es «The Lost and the Damned» y se nota que ahí ha habido una producción de la hostia, bien merece la pena.

Dicho esto, y para dejarlo todo bien resumido, podría decir sencillamente lo siguiente: si estás haciendo el DLC durante la etapa de desarrollo para vendérmelo a los dos días de lanzamiento, me estás timando y me estás intentando cobrar por algo que deberías darme con el puto juego que he pagado; si por el contrario desarrollas tu DLC al margen de esa fase inicial y me lo vendes porque de lo contrario estarías perdiendo dinero, está bien. En ese último caso, lo compraré si me interesa o lo dejaré si me parece una chorrada, pero al menos no me sentiré estafado.

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