Análisis: Homefront

Escrito por en Análisis - 1 agosto, 2011

Homefront cabecera

Qué pesados están los guionistas con los impulsos electromagnéticos, ¿no? Modern Warfare, Bad Company, Splinter Cell: Conviction… Podríamos decir que las bombas PEM son los nuevos zombis, y es que hasta un reputado escritor como John Milius (Apocalypse Now, Amanecer Rojo, Roma) ha caído en este recurso. En Homefront, por suerte, no forma parte de la campaña en sí, aunque se utiliza para ponernos en situación: en el 2027, los Estados Unidos han sido conquistados por una Corea unificada. Con los ejércitos dispersos, la única resistencia está formada por civiles y antiguos soldados que unen fuerzas para intentar echar a los invasores.

El argumento nos pone en la piel de Jacobs, un ex piloto de la Marina al que los coreanos capturan para llevárselo a uno de sus campos de trabajo. En el trayecto las cosas se tuercen para los captores y nuestro protagonista es rescatado por miembros de la resistencia, quienes requerirán de sus servicios en un futuro muy próximo. A partir de ese momento, el desarrollo podría ser todo lo previsible que se presupone en este tipo de videojuegos (estamos hablando de un FPS, y sí, últimamente he jugado a un montón de ellos), pero lo cierto es que tanto la ambientación como el hecho de que no vayamos a vivir el típico combate definitorio y definitivo al que ya nos han acostumbrado hacen que el interés no decaiga prácticamente en ningún momento. Además, en mi barrio dos de cada tres locales ya son tiendas de alimentación o de todo a un euro, así que la inmersión es doble en mi caso. Los chinos nos comen, ¿eh?, nos comen los chinos.

Como decía, el entorno está muy bien conseguido en Homefront. Las calles están desoladas, destruidas, llenas de cadáveres tirados en las aceras, y la gente se ve sometida por soldados que no se cortan a la hora de hacer valer su poder sobre las personas que consideran oportunas. Tampoco se queda atrás el Oasis, un lugar oculto a ojos del enemigo que la resistencia protege y donde viven todos los ciudadanos que no quieren doblegarse ante Kim Jong-un, el líder coreano. La lucha por la libertad de estos combatientes da lugar a una variedad de situaciones que me han sorprendido para bien. Lógicamente no voy a desvelaros nada, pero los momentos de tensión que plantea este juego están mucho mejor llevados que los de la mayoría de shooters que hay a la venta, y son unos cuantos. Lástima que la duración sea tan, tan escasa (unas cinco horas, diría yo) y que todo esté tan sumamente scriptado (hay momentos en los que no podremos ni subir una escalera hasta que lo hagan todos los que nos acompañen).

Homefront

Obviamente, hay un motivo que justifica esa “dejadez” en la campaña, y es el multijugador. Kaos Studios se ha encargado del juego completo, algo que se agradece a la hora de pasar de un modo a otro: los controles son similares, la sensación que transmiten es la misma, la contundencia de las armas también se mantiene… Lo cierto es que, en general, es muy Call of Duty (eterna comparación), pero tiene detalles realmente buenos que lo convierten en algo excepcional que me ha robado –y seguirá robándome- muchas horas de vicio.

Mencionaba CoD porque el estilo de juego que permite Homefront es bastante variado y va desde las frenéticas partidas en las que todo el mundo corre como pollos descabezados hasta las típicas en las que los dos bandos intentan organizarse y se trabaja por pequeños grupos (rollo Battlefield). Yo, que soy bastante culo inquieto, me veo capaz de echar partidas en equipo a ratos, pero la mayor parte de las veces salgo escopetado por el mapa en busca de enemigos y no pienso demasiado en mi estrategia; lo mejor es que funciona en ambos casos.

El título siempre apuesta por el juego en grupo y no da opción al típico “todos contra todos”, pero aunque peca por escasez, sus modos dan bastante de sí al incluir una serie de novedades que hacen de cada partida un nuevo desafío. Tenemos Control de Tierra (lo que viene a ser Dominación) y el Combate a Muerte por Equipos de toda la vida, y de ellos deriva el modo Comandante de Tierra, que utiliza la base de ambos y añade una serie de objetivos individuales. Imaginad, por ejemplo, que estamos en Control de Tierra y hemos de capturar las zonas A y B. Durante la partida, nuestro comandante nos asigna un objetivo secundario como matar a un soldado del equipo contrario que está haciendo una racha de muertes. Al hacerlo conseguiremos puntos extra para subir de rango, pero si ese soldado somos nosotros se nos asignarán estrellas por sobrevivir y continuar con la racha. Que nos den una estrella supone obtener mejoras instantáneas como mayor velocidad o resistencia a los disparos, pero el número de oponentes que nos tendrá en el punto de mira aumentará junto a nuestro nivel de amenaza.

Homefront campaña

Estas habilidades provisionales se añadirán a las que hayamos definido en nuestro perfil, que funciona como en casi todos los juegos orientados al online que existen hoy día. Además de una variedad considerable de armas, tenemos a nuestra disposición “drones”, que son pequeños robots por control remoto que podemos manejar a través del campo de batalla y que hacen cosas tan graciosas como disparar ametralladoras, misiles o marcar a los jugadores del equipo contrario para que nuestros compañeros sepan sus posiciones. También tenemos disponibles vehículos tales como humvees, tanques o helicópteros que se solicitan durante la partida y que, debido a un sistema de puntos muy bien balanceado, no desnivelan para nada el modo multijugador.

Los puntos de batalla, como se llama este sistema, son nuestra moneda de cambio en el desarrollo de un combate. Cuando matamos enemigos, dominamos zonas o superamos desafíos como rachas de bajas con un arma específica, ganar una ronda, etc., conseguimos puntos que pueden ser canjeados al momento por un par de ayudas que habremos determinado previamente al crear nuestras clases. Estas compras pueden pasar por un RPG, un “dron” o un ataque aéreo. Otra manera de invertirlos es la de solicitar un vehículo justo antes de aparecer en el terreno cuando nos han eliminado. En ocasiones, si uno de los bandos se ha dedicado a jugar bien en equipo, podemos encontrarnos con la alarmante situación de tener frente a nosotros dos tanques y un helicóptero con muy mala hostia que harán bastante pupa en el marcador, pero saber luchar en conjunto es lo que determina que esa situación se mantenga durante mucho o poco tiempo.

Homefront multiplayer

El conjunto funciona de maravilla gracias a un apartado técnico muy correcto. El Unreal Engine 3 ya huele a kilómetros, y es cierto que en el multijugador veremos a menudo texturas que cargan demasiado tarde o zonas que parpadean de repente, pero no es nada que nos pueda quitar el sueño. El sonido no está mal y las armas dan el pego, pero aún hoy me pregunto a quién se le pudo ocurrir poner un sonido bastante parecido a los de unos petardos cuando recibimos disparos. Por suerte la banda sonora, que personalmente me parece muy inspirada (y tiene algún tema pegadizo, buena señal), hace que nos olvidemos de ese aire a tiroteo de feria realmente pronto.

En definitiva, Homefront ha sido toda una sorpresa para mí, que lo tenía como otro first person shooter clónico y del montón (lo esperaba más flojete que Medal of Honor, la verdad). No quitaré razón a todo aquel que esté cansado de ver florecer este tipo de juegos una y otra vez en las estanterías de las tiendas, pero quien disfrute pegando tiros en red y quiera probar una campaña algo más original de la cuenta –aunque dure un suspiro– debería dar una oportunidad al título de Kaos. Es una lástima que THQ haya cerrado su estudio creador antes de que viésemos crecer la saga, porque prometía bastante.

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