Análisis: Canabalt

Escrito por en Análisis - 23 abril, 2011

análisis canalbalt

Dentro de los muchos minijuegos que vienen apareciendo desde hace unos pocos años, los cuales se hacen un hueco en el mundillo gracias a páginas como Newgrounds, siento predilección por Canabalt. Esta obrita forma parte de ese tipo de juegos que muchos podrían definir con un “eres más simple que la Esteban” (y no les culparé por ello), pero lo cierto es que el juego de Adam Atomic y Danny B encierra en su interior mucho más de lo que aparenta.

Canabalt podría pertenecer perfectamente a otra época: se forma de preciosos pixelacos que tienen vida gracias a una baja pero efectiva variedad cromática, lo cual encaja con su enorme simpleza y dificultad. Bajo un aspecto y una mecánica que parecen no tener demasiadas pretensiones manejamos a un tipo que, enmarcado en un escenario digno de una versión futurista de La guerra de los mundos, huye a toda hostia por los tejados de una ciudad medio derruida. Con un solo botón marcamos los saltos que nuestro avatar tiene que dar para pasar de un tejado a otro y evitar pegar unos bocazos de la leche.

Canabalt

Con todo ello, sus creadores, conscientes de lo que se traían entre manos, no han realizado una obra cuya dificultad sea progresiva, sino que se adapta al momento de juego, me explico: nuestro personaje va aumentando su velocidad conforme vamos avanzando, y con ella nuestro monigote pasa a ser casi incontrolable una vez va a toda leche y los saltos se vuelven más grandes, obligándonos así a frenar al chocar con unas cajas situadas a lo largo de nuestro camino, lo cual reajusta la velocidad y la dificultad a la hora de manejar a nuestro tipo enchaquetado

Es ahí donde se fomenta el que Canabalt sea un título de habilidad y resistencia, pero también de saber cuándo tenemos que bajar de revoluciones para superarnos. Solo así podremos evitar un sentimiento de “frustración-mecagoenlagrandísimaputa” digno de Ikaruga o Super Meat Boy al haber realizado ese salto de mierda que -por poco- ha hecho que te comas una soberana pared en vez de entrar por esa ventana. Es ahí donde está la diferencia entre paquetes como tú o como yo y los bichacos que hacen buenas marcas.

Canabalt 2

A su vez, esta cosita flash basa su éxito en la brevedad: salvo que seas un jodido fuera de serie tardaremos poco tiempo en vislumbrar la muerte, buscando en cualquier trayecto corto la superación personal y esa partida im-perfecta en la que cada uno quiere volver a batirse a si mismo, aunque sea por un puñetero metro más en cada partida.

En resumidas cuentas, Canabalt no es un juegazo de la hostia, pero con pocos argumentos consigue presentar un conjunto muy apañado y que juega bien sus bazas, a la vez que hace bueno el dicho de «menos es más». Como pseudo-plataformas, no deja de reformular una idea bastante simple introduciendo sus propias físicas y reglas, pero su eterna rejugabilidad, su dificultad y su planteamiento a base de «partiditas cortas» hacen que valga la pena darle un tiento, ya sea en tu casa o en el bus con el port de iphone.

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