Morir de éxito

Escrito por en Artículos - 5 julio, 2013

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¡Qué difícil es cumplir las expectativas! Máxime cuando tienes los ojos y la confianza de todos. Es mucho más fácil sorprender cuando nadie da una mierda por ti. Hace unos meses, hicimos de Kickstarter nuestra propia plaza Tahrir y encumbramos a Tim Schafer al olimpo que le habían negado las editoras. Pedía 400.000$ y el populacho le otorgamos hasta 10 veces más, en un éxito sin precedentes para una campaña de crowdfunding de un videojuego. Lejos de llevar a cabo el plan de forma cómoda y dentro de los plazos, ahora pide todavía más dinero para poder terminar un proyecto a todas luces mal diseñado. Y lo peor, es que es algo que suele suceder en Kickstarter. ¿Por qué?

¿Cómo es posible que Broken Age, con una campaña de financiación más que exitosa, tenga tantos retrasos y hasta necesite más dinero? Bueno, esto son negocios, shit happens. El origen tenemos que buscarlo en la forma en la que nos enfrentamos nosotros al desafío de una inversión en Kickstarter. Una campaña de crowdfunding no se realiza para vender juegos, sino para financiar parte del proyecto. La perspectiva de quien la pone en marcha es la siguiente: “Voy a hacer un juego, pero no tengo editora. Si me me apoyas, lo editaré yo mismo y te compensaré con una copia” Es decir, con esos 20€ no estás pre-comprando un juego que no se hará si no llega a objetivos, estás invirtiendo en una estrategia global de un producto y se te compensa por ello. Con lo cual, tú no eres un comprador, eres un inversor. Y un inversor cuida dónde mete su dinero.

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Lo primero que me paré a pensar es por qué al señor Tim Schafer no le edita nadie. Analicemos su último lanzamiento con una major: Brutal Legend. El título sufrió retrasos y ampliaciones de presupuesto lo suficientemente sangrantes como para que su editora  demandase a Double Fine. Al final, después de un cambio de propietarios y unos cuantos dolores de cabeza, acabó en las manos de EA, dónde sufrió más retrasos, más ampliaciones de presupuestos y al final resultó un batacazo comercial. Retrasos, presupuestos mal calculados… ¿os suena? Como inversores, tal vez podamos llegar a la conclusión de que al señor Tim Schafer no le editan porque haga juegos que ya no se estén de moda (si hace dinero, lo editarán aunque sea una aventura textual) quizás no le editen porque es un pésimo director y sus planes de negocio son un desastre.

No culpo al señor Tim Schafer ni cuestiono su calidad como creador de videojuegos. Tal vez Brutal Legend sea un buen producto mal vendido, el problema no es ese. Pero dirigir un proyecto es algo completamente distinto. Seguramente, si yo tuviera 5 millones de dólares para ejecutar un trabajo internacional, tampoco sabría por dónde empezar, porque no soy un gran director. Mark Zuckerberg tampoco, por eso no dirige su empresa, no todo el mundo puede ser Steve Jobs.

Investigando los datos, creo que este es un mal endémico de Kickstarter: el de los creadores que no están preparados para dirigir su propia empresa. Curiosamente, la mayor parte de los proyectos “overfunded” (que son muy pocos) sufren retrasos en la entrega, cancelaciones de objetivos e incluso no llegan ni a hacerse. Aunque lo normal es que, si tiene éxito, sea por muy poco. Esto nos lleva a concluir que, a la hora de hacer un proyecto financiado por crowdfunding más te vale que seas realista, porque no vas a tener margen. Y en el caso de que tengas mucho margen, más te vale que seas realista, porque se te puede ir de las manos muy fácilmente (podría hablar de unos cuantos ejemplos, pero eso sería otro artículo). Es normal, imaginad que queríais hacer un Doom entre colegas y os dan 300MM y unos meses para hacer un Call of Duty entero y distribuirlo internacionalmente. No es fácil, porque ser empresario o director no es fácil.

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Tim Schafer me sorprendió cuando tuvo ese éxito con la microfinanciación. Me dejó un poco extrañado cuando lanzó otro proyecto en paralelo, también por Kickstarter. Me pareció un error de estrategia y ahora es evidente que lo fue. No sé qué pensará Andresito, el mayor inversor Kickstarter de Double Fine, pero mi conclusión la tengo clara: Probablemente compraría un juego de Tim Schafer, pero jamás invertiré en un juego de Tim Schafer.

PD: Como empieza a ser habitual, este artículo nace de una amena charla comiendo con un compañero, así que le atribuyo la culpa de la mitad de las reflexiones.

Raciones de epildoritas #109

Análisis - The Swapper