Tetas pixeladas, volumen 2

Retro Amor: Tomb Raider II

Escrito por en Retro Amor - 9 octubre, 2013

En el mundillo de los videojuegos, las excepciones al refrán “Segundas partes nunca fueron buenas” son legión (o al menos lo eran). Algunas de las grandes sagas que nacieron con los gráficos poligoneros de los 32 bits tuvieron grandes secuelas que ofrecían más y mejor que el inicio de la saga, aunque perdiendo parte de la frescura u originalidad que hace que los pioneros pervivan en la memoria de los jugadores con más viveza. Tomb Raider II es una de esas secuelas.

TRII03Tomb Raider ha envejecido mal, pero no por eso deja de ser uno de los juegos que más me ha impresionado tras los mandos, sin que la pechugona protagonista influyera demasiado en mi valoración del juego. La sensación de desamparo en esos grandes escenarios que se difuminaban en la penumbra era algo totalmente nuevo para mi y me moría por repetir la experiencia.

Tomb Raider II no engañaba: ofrecía lo que queríamos e incluso más. Mejores gráficos, mejores texturas y ahora Lara Croft lucía una bamboleante coleta que se zarandeaba de lado a lado al correr y saltar (para las tetas bamboleantes tendríamos que esperar unos cuantos añitos más). Los escenarios no se limitaron a las oscuras catacumbas de la primera parte, incluyendo escenarios abiertos y luminosos. Y, por si fuera poco, era posible conducir algunos vehículos, como unas lanchas para navegar por los canales de Venecia y moto-nieves para recorrer las montañas del Himalaya. También aparecían nuevas armas y la tontería de que Lara cambiara de vestidito según la misión marcaba cierta diferencia con el primero.

TRII01Y, por si fuera poco, al poco de empezar la partida y tras deshacerme de unos cuantos tigres, uno de mis momentos ilustres favoritos se materializó ante mi por duplicado: nada más y nada menos que dos tiranosaurios me esperaban al final del primer nivel. Con esa aparición ya me dí por satisfecho y me entregué de lleno a la aventura de Lara Croft.

Aunque está por debajo del nivel del Monasterio de Saint Francis del primero, la exploración de los restos del Maria Doria, un buque naufragado, repleto de cuevas y galerías submarinas en unas aguas infestadas de tiburones podría ser el clímax de Tomb Raider II, finalizando con los habituales sucesos sobrenaturales que se desencadenan cada vez que un arqueólogo y un capo mafioso andan por ahí jugueteando con antiguos artefactos.

Pese a no ser tan innovador como el primero, Tomb Raider II intentó superar a su antecesor de una forma honesta, dando a los jugadores más de lo que nos gustó e incorporando novedades que aportaban cierta variedad. La verdad echo de menos este tipo de secuelas… ¿Y vosotros?

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