El diario de Skyrim (III)

Escrito por en Artículos - 9 diciembre, 2011


NOTA: esta serie de artículos no recogen acontecimientos de la misión principal, por lo que puedes leer sin miedo a encontrar spoilers.
El última día recordaréis que os hablé de mi antigua compañera de aventuras, que murió de forma miserable a las pocas horas de unirse a mí, a manos de un temible trol de las nieves. Pues bien, ni un día tardé en buscarme una sutituta más fuerte, más grande, más fiera y con más aguante. El único problema es que mi nueva amiga es orca, por lo que resulta aún más desagradable a la vista que la anterior, algo que ni las ingentes cantidades de alcohol que voy consumiendo por el camino pueden ocultar. Sí amigos, no es fácil sobrellevar la matanza de una ciudad entera llena de inocentes y me he dado al bebercio. Un momento… ¿no he relatado cómo degollé a todos los habitantes de una pobre ciudad del noreste de Skyrim? Supongo que esa es una buena historia para este diario.

En primer lugar, y para que conste, yo no quería. Todo ocurrió de la forma más inocente: un servidor de ustedes y Anatea (mi compañera orca) nos pusimos a hablar con algunos guardias del pueblo, algo que siempre hacemos en busca de aventuras y cosas a las que matar, cuando nos enteramos así de manera muy azarosa que la mayoría de ellos estaban bajo las ordenes de una familia muy poderosa del lugar. Así que bueno, como ni a mí ni a Anatea nos gustan este tipo de situaciones, nos fuimos a hablar con la familia en cuestión a ver qué demonios pasaba. Cuál es nuestra sorpresa al ver que los muy desgraciados no sueltan prenda, se hacen los locos, y actúan como si no supiesen absolutamente nada. ¡Nos sentimos ultrajados y vacilados! Así que lo discutí durante unos segundos con mi verde amiga, y tras un rápido desenvaine de espadas acuchillamos a toda la familia como si fuesen una piara de cerdos. «De esta forma se acabarán los problemas», pensé ingenuamente.

Por desgracia resulta que uno de los miembros de la familia es una persona de esas importantes para completar una misión secundaria (quiera decir esto lo que quiera decir), por lo que pese a apuñalarlo muy fuerte e incinerarlo como a un pollo asado, el muy cabrón se limitaba a hincar la rodilla en el suelo y levantarse a los pocos segundos. De esa forma claro, en cuanto dejamos de someterlo a hostia nos vimos con toda la guardia de la ciudad y a un tío virtualmente inmortal encima de nosotros. ¿Qué hicimos Anatea y yo? ¿Pues qué vamos a hacer? Matamos a todos los guardias. Uno a uno. A los corruptos y a los no corruptos, a los jóvenes y a los viejos, a los feos y a los guapos, a todos. Tras toda una tarde de asesinatos el pueblo estaba prácticamente limpio de escoria y sólo quedaba el hijo de puta inmortal que no hacía más que levantarse, así que tras hacerle hincar la rodilla una vez más, nos fuimos cagando hostias de la ciudad con la intención de no volver en una temporadita.

¿Qué pasó? Que al día siguiente recordé que me había olvidado las zapatillas de estar por casa en la posada de la ciudad, por lo que decidimos volver muy discretamente. El problema de esto es que, por lo visto, cada cierto tiempo reclutan nuevos guardias en las ciudades, y cuando vuelves a aparecer por allí y tienes un precio por tu cabeza tan elevado como tenemos Anatea y yo, te piden amablemente que les acompañes a prisión. Por desgracia para ellos nunca he creído en las prisiones, por lo que mi vuelta a la ciudad tan sólo derivó en otra media docena de guardias muertos y una nueva paliza para mi inmortal aunque algo débil amigo. Si no fuese todo tan cruel y terrible pensaría que es gracioso, pero por desgracia ahora me atormentan los fantasmas de todos esos guardias asesinados. O quizás no, y es simplemente el aguardiente que me casco cada mañana para intentar olvidar.

Sea como sea, me he enterado de que hay una organización criminal de asesinos que solamente recluta a las personas más sanguinarias de Skyrim. Y yo voy a detenerlos. Para entrar tendré que demostrar mi ausencia de escrúpulos, pero no creo que eso sea un problema a estas alturas, por lo que espero que se pongan pronto en contacto conmigo. Una vez dentro será coser y cantar: iré ascendiendo rangos y cuando pueda ver al gran jefe le decapitaré y me cagaré en su muñón como mensaje para el resto de miembros de la organización. En Skyrim sólo puede haber un rey de asesinos, y ese voy a ser yo.

PD: creo que a tendré que matar a Anatea esta noche. No me gusta nada la forma en la que me mira.

Análisis: NightSky

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