Retro Amor: Sonic The Hedgehog

Escrito por en Retro Amor - 23 noviembre, 2011

Dicen que Nintendo salvó a la industria del videojuego tras la crisis del sector de principios de los años 80. La Gran N, tras el golpe en la mesa que dio con su Famicom / NES, se encontró en una posición bastante cómoda a finales de la misma década, dominando desde las alturas el mercado de los jueguicos domésticos. Dicho reinado duró hasta el desembarco de Sony y su PlayStation, pero lo cierto es que en 1991 le salió un grano en el culo de la hostia. Enorme. Se llamaba Sonic The Hedgehog y venía a plantar batalla en nombre de SEGA.

Y es que la historia del ahora prostituido erizo azul no se explica sin la anterior aparición de Mario,  mascota por antonomasia de Nintendo. El fontanero llevaba ya unos cuantos años repartiendo slapcocks a diestro y siniestro sin que nadie osara acercarse a su trono. Vale que Super Mario Bros 2 (el real, no hablo del Doki Doki Panic que vendieron en occidente) no innovó un carajo y encima era difícil de cojones, pero el primer título de la saga había dado la vuelta a la concepción del videojuego casero, perdurando todavía hoy como ejemplo de “cómo leches realizar una señora obra videojueguil en condiciones”. Super Mario Bros 3 supuso el broche de oro a la serie Bros. y reventaría el mundillo de los plataformas poco tiempo después.

SEGA, por su parte, a pesar de que tenía una buena cuota del mercado de las recreativas gracias a virguerías como Outrun, Space Harrier o After Burner, no terminaba de abrirse un hueco en el territorio doméstico con su Master System, con la que solo tenía verdadera presencia en Europa y Brasil. A su vez, monigotes cute-cutre-amorosos como Alex Kidd agotaban sus últimos cartuchos como puntas de lanza de la compañía nipona e iban dejando hueco a lo que se  avecinaba con la futura Mega Drive.

MEGA DRIVE. 16-BITS. SONIC. PAJAS.

Llegados a este punto, SEGA lanza a finales de 1988 su flamante consola de 16-bits, prometiendo el oro y el moro gracias a las nuevas posibilidades que ofrecía la maquina. Sin embargo, no fue hasta dos años después cuando vio la luz el sujeto que hoy nos ocupa: Sonic.

SEGA necesitaba crear una figura que plantase  cara a Mario y que fuese la cabeza visible de la  compañía en cuanto a títulos-bandera. La aparición del puercoespín fue todo un acierto, pero durante su proceso de creación se desecharon otros bocetos, alguno de ellos desastrosos  para mi gusto. Para que nos entendamos, el elegido para intentar luchar con Ninty iba camino de ser, entre otras opciones, un puñetero conejo con tintes de Mickey. Afortunadamente y conforme el personaje fue desarrollándose, Naoto Oshima y Yuji Naka fueron cambiando la forma definitiva hasta obtener al erizo que todos conocemos. Alejados de las formas infantiles de Alex Kidd, SEGA presentaba ahora una mascota con un diseño más agresivo y que se oponía al bigotudo.

¿Velocidad? No todo iba a ser el ir a toda leche, cojones

Sonic The Hedgehog se presenta como el típico plataformas de argumento baratuno. En él se nos sitúa en una isla en la cual un tal Robotnik se ha apoderado de  las 6 esmeraldas  del  Caos con las que a la  postre intentará dominar el mundo, a menos que Sonic consiga revertir la situación. A su vez ha encerrado en robots a un montón de animales indefensos que le sirven en sus planes. ¿Simple? Sí. Y para qué quiero más, me pregunto. En su división más básica, para mi esto de los videojuegos se forma de un componente lúdico y otro argumental. Y a mi, sinceramente, siempre y cuando me pongan un buen solomillo, a la guarnición bien que le pueden dar por saco. Sencillamente, Sonic The Hedgehog forma  parte de una época en la que primaba el aspecto jugable sobre el argumental, y habiéndolo hecho de puta madre en el primero de ellos, poco importa lo pobre que resulta el argumento.

Entrando en materia jugable, lo cierto es que uno de los grandes argumentos que utilizó SEGA a la hora de vender a su retoño fue la velocidad. No estaban mintiendo, Sonic era rápido (sobre todo al usar las zapatillas), siendo este el rasgo distintivo  más claro con respecto a su gran rival. El problema es  que esta visión ocultó para mucha gente una de las cualidades del cartucho: el diseño de los  niveles creado  por el Sonic Team.

Mucha gente ya va con el piloto automático puesto y cuando oye “Sonic”, pide velocidad a raudales, cuando en sus inicios fue mucho más que eso. Hirokazu Yasuhara y su grupo consiguieron con Sonic The Hedgehog un perfectérrimo equilibrio entre algunas fases pausadas y que exigen precisión en nuestros movimientos (ahí están Marble Zone o Labyrinth Zone) con otras en las que damos un poco más de rienda suelta a nuestras ganas de hacer el cafre,  como son las larguísimas “úes” de Spring Yard Zone o la ya mitiquérrima Green Hill Zone. La ecuación está ahí, es perfecta, y de hecho no conviene ir pasado de revoluciones, ya que ello puede traer consigo el perder tanto los anillos que vamos recogiendo por las fases como los escudos que nos protegen de los ataques enemigos.

Los anillos, elementos característicos a lo largo de toda la vida del erizo, juegan un papel crucial en el devenir del juego: el mero hecho de recolectar uno solo de ellos nos proporciona inmunidad cuando nos enfrentamos a los enemigos y a determinados obstáculos, permitiendo a los jugadores cazurros como yo el ir como locos a la hora de controlar a nuestro avatar en determinados momentos. También nos proporcionan vidas y nos dan acceso a las fases especiales de bonus en las que después podremos conseguir las distintas esmeraldas del  Caos. A dichos niveles accederemos siempre y cuando terminemos cada fase con cincuenta anillos o más. De diseño rebuscado y control jodido, se revelan como un reto diferente, pero también como un respiro entre fase y fase para el jugador.

Sea de una manera u otra, al finalizar cada grupo de tres zonas nos  toparemos con el  sempiterno Robotnik, quien estará esperándonos para intentar putearnos un poco a bordo de su nave. Con todo, al fin y al cabo estos encuentros no suponen momentos nada difíciles dentro del desarrollo del juego; vamos, que lo jodido es llegar a ellos, algo que también se puede apreciar en otros cartuchos de la época como Super Mario World.

Encima de todo, el hijo de puta es bonito

En cuanto a su apartado técnico, Sonic The Hedgehog también consiguió romper moldes. Cuando hablo de un juego, no me gusta separar demasiado los temas gráfico y sonoro de los demás, pero en este caso bien merece la  pena hacerlo. Como ya he dicho, este título fue concebido para vender Mega Drives a cascoporro y así hacer frente a Nintendo, quien un año antes había dado a luz a su mitiquérrima Super NES.

Este Sonic fue una de las primeras muestras de lo que realmente podían dar de si los 16-bits: tiene unos gráficos que dejaron en bragas a lo anteriormente visto –y que no han envejecido nada mal- y todo se mueve a las mil maravillas, a una velocidad endiablada siempre que sea  posible y se nos antoje. La mayor paleta de colores que utilizaba Mega Drive con respecto a las consolas y ordenadores de 8-bits fue utilizada genialmente para crear mundos con una personalidad propia de la hostia y que quedaban perfectamente diferenciados. Si a todo ello le sumamos la banda sonora creada por Masato Nakamura, también creador del apartado sonoro de Sonic The Hedgehog 2, solo nos puede quedar un juego redondo. Cada pista cuadra perfectamente con lo que vemos: por poner dos ejemplos, Green Hill Zone es fresca y rápida, mientras que Scrap Brain Zone presiona y agobia al jugador justo antes de enfrentarse por última vez a Robotnik.

Sonic The Hedgehog fue uno de los juegos más influyentes en el primer lustro de la década de los  90. Fue construido con bases muy sólidas que afortunadamente todavía hoy perduran y que continúan siendo perfectamente jugables, algo que no pueden decir muchos otros plataformas a los que el tiempo ha pegado una soberana patada en los cojones. Desde su apartado gráfico hasta la cuidadosa elaboración de los niveles, sin olvidarnos de su apartado sonoro, sigue siendo un ejemplo de cómo debe ser un Señor Juego. Yuji Naka y su panda pueden descansar tranquilos.

Fuente: La creación de Sonic The Hedgehog.

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