La incuestionable obra maestra de la Edad de Oro del Software Español ¿o no?

Retro ¿Amor?: La Abadía del Crimen

Escrito por en Retro Amor - 13 diciembre, 2011

La Abadía del Crimen… Siempre que se habla de esa época en la que en España se hacían grandes videojuegos es inevitable nombrar, aunque sea de pasada, a La Abadía del Crimen, ejemplo del clímax de una época que parece que nunca va a volver. Yo mismo la he puesto de ejemplo en más de una ocasión. Sin embargo, algo me reconcome por dentro. Algo que nunca he tenido el coraje de decir públicamente hasta hoy. Y es que, señores, a mí no me gustó La Abadía del Crimen

Antes de que os llevéis las manos a la cabeza, este Retro ¿Amor? no está escrito por el curtido jugador que es Galious en la actualidad, sino por los recuerdos de un pequeño Galious de 8 añitos, la edad que tenía cuando salió a la venta el hit de Opera Soft. Es incuestionable que La Abadía del Crimen es una obra maestra y no quiero que penséis que digo lo contrario. Lo repito en negrita, cursiva y subrayado para que después no me deis collejas en los comentarios: es incuestionable que La Abadía del Crimen es una obra maestra y no quiero que penséis que digo lo contrario. Sin embargo, de pequeño y hasta hace poco trataba de autoconvencerme que había disfrutado jugando a La Abadía del Crimen cuando no fue así.

 

A pesar de no ser de Azpiri ni de Luis Royo, la portada molaba un huevo

Como ya he dicho antes, tenía 8 años y, como todos los niños de esa edad, quería dármelas de mayor. Y La Abadía del Crimen me daba la oportunidad de ser un niño grande debido a que no se basaba únicamente en dar saltitos y matar cosas como todos los videojuegos a los que había jugado hasta entonces. Tenía un trasfondo más profundo y un argumento bastante más elaborado y con eso parecía que ya no era tan “para niños” como Penguin Adventure, por poner un ejemplo. Aunque no me había leído El Nombre de la Rosa (que un niño de 8 años lea a Umberto Eco debe estar tipificado como maltrato infantil) pero sí había visto la película y con eso ya me bastaba para saber un poco de qué iba la historia, esa interesante trama de asesinatos realizados en una abadía benedictina en el siglo XIV.

 

Viendo un mapa como éste, como para no estar ilusionados y ansiosos

Y ahí estaba yo, delante de mi MSX, dispuesto a encarnar a Guillermo de Occam y resolver todos los misterios de la Abadía, tras esa fabulosa pantalla de carga extraída directamente del libro. Pero no… Nada de investigar… Primero toca ir a misa… Nuestros primeros pasos en la abadía supondrían encontrarnos de bruces con un horrible sistema de control…

Cierto es que el sistema isométrico planteaba algún que otro problema para su control mediante cursores o joystick por tener que usar las diagonales, pero lo de la Abadía del Crimen es algo terrible: las teclas de izquierda y derecha servían para que el personaje girara 90º hacia un sentido o el otro, la tecla de arriba servía para avanzar y la de atrás para que Adso, el novicio que nos huele el culo durante toda la aventura, realizara una extraña danza que a día de hoy aún no se para qué sirve. ¿Os suena a algo? Solo os diré que casi 10 años después reviví la misma sensación de desamparo gracias a dos juegazos: Alone in the Dark y Resident Evil.

 

“Ven aquí, que te voy a dar una hostia”

Gracias a este peculiar sistema de control, mis primeras partidas en La Abadía del Crimen se redujeron a que el Abad al que debía seguir me echara por parecer un perro mareado, dando vueltas sin sentido por las amplias salas y girando hacia el sentido contrario de mi acompañante. Pero cuando llegué a misa, las cosas no fueron a mejor: también fui invitado a abandonar el recinto por no acertar cual era mi sitio en la los bancos de la capilla.

Poco a poco, partida a partida, conseguí avanzar hasta llegar a mis aposentos. Se supone que ahí empezaba lo bueno, que a partir de ahí podría escabullirme y empezar a investigar. Sin embargo, los gráficos de mi MSX no eran los más apropiados para caminar por la abadía: al solo haber dos colores en la pantalla de juego (negro y otro que cambiaba según el momento del día) era muy fácil para mí confundirme y perderme en las salas y pasadizos de la abadía. Al final, me limitaba a seguir las instrucciones del Prior, sin avanzar un ápice en resolver el enigma que estaba segando las vidas de los monjes. Al pasar unos días, el juego acababa, sin que hubiera descubierto nada para evitar los asesinatos.

 

Así lo veía yo, cuando se veía mejor. Por la noche era todavía más confuso.

Y así fue como fui apartando La Abadía del Crimen en el cajón de los cassettes. Cada cierto tiempo volvía a intentarlo: estaba convencido que en algún momento vería esa grandeza que todo el mundo le atribuía como el mejor juego español de la historia. Pero no hubo manera; una y otra vez me aburría y acababa abandonando de nuevo. Quiero pensar que el juego me vino grande, que era solo un niño y quizás con unos cuantos años más sí que lo hubiera disfrutado de la forma que merece, como si a un chavalín de hoy le diéramos Shadow of the Colossus para que se entretuviera un rato. Seguramente, si ahora volviera a la Abadía del Crimen vía emulador me parecería otra cosa… ¿no creéis?

Este Humble Bundle te deja loco de la puta cabeza

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