Análisis - Max Payne 3

Escrito por en Análisis - 28 octubre, 2012

Pues oye, que yo nunca me acabé los otros dos Max Payne porque, pese al brutal inicio del primero, luego se volvían caca revestida de tono noir que no se tomaba en serio el 50% de las veces. Si hubiera sido estúpido y caricaturesco todo el rato, habría sido bastante mejor, creo yo. Y dejo caer esto porque Max Payne 3 la pifia en el mismo sitio, pese a ser Rockstar y no Remedy quien se encarga del detective neoyorkino más agilipollado por el alcohol y los tranquilizantes tras John McClaine. La comparación con Bruce Willis es totalmente intencionada.

Max es un desgraciao por los motivos que todos sabemos y que el juego sobreexplica. No me identifico con su dolor, no me creo cómo lo asume, no me puedo creer que sea TAN TONTO. Si me reflejo en algo es con sus momentos de desesperación absoluta. Cuando le retratan así es cuando aciertan, es decir, bajando a toda hostia por una tirolina mientras usa a un gitano como escudo humano y pensando «¿me cago en la puta y luego me la follo o mejor al revés?». Max es un ‘one man army’ que se pone hasta las cejas de güisqui, analgésicos y monta unas fiesta de balas, putas de favela y equipos SWAT que no puedes creerte que exista un juego tan bueno. Sus momentos de hechopolvismo no me importan, por muy necesarios que sean. Agradezco que, al menos, no me corten el rollo cuando estoy en medio de esa orgía de metralletas.

La exposición a efectos es el otro aspecto horrible del juego. Tantos rótulos y distorsión agotan. No consiguen meternos en el personaje, ni explicar su hechopolvismo exitencial, ni crear una atmósfera de enajenación. Y eso, cuando tienes un juego que podría patrocinar Red Bull es una gigantesca cagada. Ojalá se hubieran terminado de copiar del todo de Kane & Lynch: Dog Days porque habría sido perfecto. Este juego, por cierto, hace bien lo que este hace mal, y viceversa.

Solo he encontrado dos puntos negativos importantes: su apuesta por los efectos de luz, color y distorsión no está bien encajada y el personaje es tonto. Pero tonto nivel: ir borracho y escribir mensajes a tu ex. Es una pena que la mujer de Max esté muerta, porque si solo estuvieran divorciados, esto de cagarla por el Whatsapp habría dado muchísimo juego. Lo dicho, el juego es tan bueno que solo tiene dos cosas malas. Quiero dejarlo claro ya y pongo la nota ahora mismo. Pum.

¿Tan bueno es? Es el mejor shooter en tercera persona de esta generación, y encima se puede jugar como dé la gana: con coberturas o a lo Quake, con el añadido del tiempo bala. Esto último es complicado y requiere maestría y timing, porque jugándolo en modo difícil —como debe jugarse, HOSTIAS— te cazan casi al instante con un par de tiros. Pero la recompensa es inmensa y el ritmo que le confiere es el que necesita todo juego del estilo. Yo lo he jugado cubriéndome los momentos justos para mirar cuántos brasileños encabronados tenía delante para a continuación saltar con el tiempo de bala y encadenar cinco, seis o doce tiros a la cabeza en el aire.

Y así, todo el rato. Sin parar. Max Payne 3 es Taken en videojuego. Una tesis sobre cómo hay que encadenar momentos de acción con musicote de fondo, algo de calma y escenas de vídeoAbusan de estas últimas, pero da igual. La capacidad de Rockstar para crear productos que no se pueden dejar de jugar es asombrosa y solo comparable a su completa incapacidad para hacer personajes originales y/o medio inteligentes. Max es tonto, John también y Niko es creíble, pero también gilipollas. Quizá es culpa del género sandbox, aka el género de los correveidiles, pero en un shooter eso no tiene excusa.

Lo he jugado en PC, por cierto. Gráficos y control mejorados. 35 GB de espacio.

Bonus track: leed y escuchad esto

 

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