Maincra meets JRPG

Análisis: Dragon Quest Builders

Escrito por en Análisis - 22 Febrero, 2017

Seguro que más de uno frunció el ceño con desagrado viendo el anuncio de Dragon Quest Builders, pensando que lo último que necesita el mundillo de los videojuegos es otro clon del Minecraft. Yo fui uno de ellos, pero le di una oportunidad a la demo disponible y un par de horas después ya había ido a la tienda para comprarlo. Dragon Quest Builders no solo funciona sino que ha sido la sorpresa más agradable de 2016.

Al final va a resultar que Dragon Quest es la galleta Oreo de las sagas de videojuego. El espíritu de fantasía de princesas, castillos y dragones pegan con cualquier estilo, sean juegos de lucha de espadas, de hostias a multitudes o de captura y coleccionismo de monstruos. Los personajes y monstruos diseñados por Akira Toriyama le dan la coherencia visual necesaria para identificar la saga con tan solo un pantallazo. Dragon Quest Builders no es una excepción a la saga, y esta vez la mezcla del Señor Maligno que ha sumido el Mundo en las tinieblas a la espera de un héroe salvador que solucione el marrón pega estupendamente con un juego de hacer casitas y gestionar recursos.

Los cuatro capítulos que forman el juego tienen un desarrollo idéntico: llegamos a zona devastada con una base desolada que debemos reconstruir con nuestras manitas. A medida que reconstruyamos se instalarán nuevos habitantes que solicitarán nuestra ayuda. Algunos de ellos nos darán planos o instrucciones para adicionar nuevas dependencias al campamento. A medida que la base mejora accedemos a nuevas zonas con nuevas materias primas que aumentan el repertorio de objetos y materiales a construir. Y al final, nos vemos cara a cara con el monstruo que ha sumido la región en el caos. Y una vez cambiamos de misión, empezamos desde cero, con los bolsillos vacíos, perdiendo todas las mejoras adquiridas ya que en Dragon Quest Builders las mejoras del personaje dependen exclusivamente del equipo utilizado.

Ese planteamiento puede parecer repetitivo a primera vista, pero cada capítulo presenta diferencias notables respecto a los demás: las materias primas comunes son distintas y hay que gestionar los materiales y objetos de forma diferente. Eso consigue que no tengamos la sensación de volver a estar haciendo lo mismo una y otra vez y que levantar un campamento de nuevo desde cero nos resulte igual de divertido que la primera vez.

Podría pasarme un par de párrafos describiendo el modo de creación de salas, las recetas de edificios, el sistema de combate y todas esas cosas que suelen decirse en los análisis, pero mejor os cuento otra cosa, mucho más importante: ESTA MIERDA ENGANCHA.

Dragon Quest Builders es drojja pura. De esos juegos que dices “cinco minutitos más…” como cuando suena el despertador. No vas a poder dejar un plano a medio construir. Cuando sepas qué necesitas para hacer un cuarto de culturistas no vas a estar tranquilo hasta que lo consigas. Vas a rebuscar por todo el mapa para encontrar esos dos arbustos que te faltan para esa habitación, cagándote en tus ansias de jardinero al haber devastado todas las existencias para hacer plantas medicinales. Vas a transformar la base en un puto rascacielos de tres pisos lleno de trampas y habitaciones decoradas con mimo y estilo a pesar que hace mucho que llegaste al máximo nivel… Incluso te pondrás contento cuando cambies de capítulo porque toca volver a empezar.

Estoy seguro que, más pronto o más tarde, acabaré con el Trofeo de Platino de Dragon Quest Builders. Es un juego con un control muy poco exigente, con un sistema de combate casi ochobitero que lo hace terriblemente propicio para jugar esporádicamente, sin presiones ni prisas. Solo hace dos días que liberé Alefgrado del malvado Draconarius pero ya estoy pensando en volver a empezar para realizar los desafíos que me han quedado pendientes en la primera vuelta. Por si eso no fuera suficiente, tenemos el modo Terra Incógnita, un modo libre con el que podremos comparar nuestras pollas creaciones con otros jugadores que se va ampliando a medida que acabamos con la campaña principal.

Si te molestan los niños rata, la abrumadora libertad o esos pixelotes más feos que un tumor de Minecraft, quizás deberías dar una oportunidad a Dragon Quest Builders: un juego sencillo pero a la vez terriblemente dicertido y tan adictivo como los risketos. Y sobretodo mucho más bonito que Minecraft. A por él, que hay demo.

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