Mi GOTY 2015 al no haber jugado a otro juego desde junio

Análisis: The Witcher III-The Wild Hunt

Escrito por en Análisis - 22 Enero, 2016

Ni muerto ni de parranda. Estaba jugando a The Witcher III. Desde junio que no tocaba otro juego y hasta me olvidé de donde estaba el botón de eject de la PS4. Que sí, que el rolazo nos encanta y todo juegazo triple A que se precie debe tener un mapa más grande que la provincia de La Rioja y cuya lista de misiones secundarias deben rivalizar con la guía telefónica. Pero no os imagináis lo difícil que es para un padre primerizo y pluriempleado encontrar 100 horas para dedicar a la consola. En fin, revivamos El Píxel Ilustre con mi GOTY 2015 particular, más que nada porque no he jugado a otro juego que saliera durante el año pasado.

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Por lo menos, en The Witcher III nos saltamos esas horas iniciales malgastadas en la siempre tediosa creación del personaje para crear un avatar con el que nos sintamos plenamente identificados y así meternos más en el personaje. Lamentablemente para muchos, en The Witcher III no podremos jugar como un enano ladrón transexual y capricornio con el careto de Carmen de Mairena al que el resto del mundo llamará como algo indeterminado, como “el Campeón”, “el Elegido” o “tú”. En The Witcher III, tal como parece adivinarse por el propio nombre, encarnaremos por tercera vez al brujo Geralt de Rivia, un señor mayor que tiene aspecto de oler a Brummel’s. Gracias a la presencia de peluquerías en el que podemos escoger el peinado y vello facial de Geralt pude ser una especie de Lemmy (QEPD) albino durante un par de horas (hasta que me cansé), algo que casaba perfectamente con la voz de fumador de Ducados a pares que tiene el brujo.

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Me llevó un par de horas darme cuenta que el combate de The Witcher III es algo tosco, que la magia es poco espectacular, distinto de la filosofía Awesome button de juegos como Dragon Age, las armaduras no llevan hombreras como omóplatos de tiranosaurio. El sistema de pociones no era para tirar cohetes y era fácil morir si nos enfrentábamos a un monstruo por encima de nuestro nivel. Durante esas primeras horas me costó ver la grandeza con la que se trataba a su antecesor y que me hacía ganas de tener un PC o una XBox360 para jugarlo. Pero, sin darme cuenta, el juego me atrapó.

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No fue por el sistema de combate, ni por las pociones, ni por la jugabilidad. Ni siquiera por los estupendísimos gráficos (que el juego es impresionante hasta en PS4, por mucho que algunos se dediquen a contar FPS y resoluciones e indiquen lo contrario). The Witcher III es posiblemente el juego con más coherencia en la ambientación que ha pasado por mis manos. Por lo menos no empezamos matando ratas gigantes en el sótano de una posada con una armadura de cuero y una espada corta oxidada para acabar siendo El Elegido que salva el Mundo convertido en una especie de tanque humano con una espada del tamaño de una moto que echa llamas. Entre el Geralt del minuto 1 de partida y el Geralt de la hora ciento y pico no habrá una diferencia abismal, o al menos no la notaremos hasta que no volvamos a la zona inicial y descubramos que podemos matar lobos a puñetazos, pero no tendremos esa sensación de Overpowered que suele darse en los RPG, especialmente si uno es una puta rata de Dungeon que no puede avanzar hasta no dejar la mazmorra como tu madre quisiera que dejaras el baño después de ducharte.

No es solo eso. A mi me cabrea ver como, siendo El Elegido, el Comandante de la Guardia Real, el Archimago de la Escolanía de Hechicería y/o el Tesorero mayor de la Cofradía de Ladrones y Especuladores, cualquier mindundi se sienta autorizado para pedirme que le solucione los marrones, le complete el álbum de cromos o le lleve una cestita a su abuelita, normalmente por una recompensa irrisoria o por un arma o pieza de armadura notablemente peor de las que ya llevo equipadas. “Joder, que soy El Salvador (a.k.a. El Salva) y no tengo tiempo para tus chorradas… ¿100 EXP? Bueno, va”. Y así vamos perdiendo el tiempo mientras el Mundo se sume lentamente en la oscuridad.

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Sin embargo, el papel de los brujos en el trasfondo de The Witcher III hace que muchos de estos encargos se vean plenamente justificados e integrados en el transcurso del juego. El mimo y el detalle con el que CD Projekt Red ha tratado todas las tareas secundarias es lo que realmente suben el listón a los RPG. Muchas misiones no se resolverán tan solo con un “Gracias. Aquí tienes tu recompensa”, sino que aparecerán multitud de personajes, situaciones y monstruos que conseguirán que, pese ser las típicas misiones de cazador, recolector, escolta o exterminador, no nos parezcan tan cansinas ni repetitivas como en otros juegos. Han conseguido que una tontería tan grande como perseguir una cabra por el bosque esté totalmente metido en la historia y no tengamos la sensación de estar haciendo el gilipollas.

Como pasa con demasiada regularidad en los juegos de mundo abierto, es imposible no sentirse abrumado con la cantidad de interrogantes que figuran en los distintos mapas. Para un completista compulsivo como el que suscribe fue casi doloroso tener que dejar las Islas Skellige con un buen puñado de puntos sin descubrir tras dejar los dos mapas anteriores totalmente despejados, pero 6 meses de The Witcher III en exclusiva eran demasiados y el resto de juegos de la estantería me estaban mirando con ojitos llorosos. Así que apreté el acelerador y acabé el juego, diciéndome para mi mismo “cuando tenga tiempo, empiezo la Nueva Partida +” (fecha estimada: cuando mi hijo entre en la universidad). Y eso que no toqué una de las características más queridas del juego: el Gwynt…

The Witcher III quizás no incluye las tediosas tareas de recolección de basurillas coleccionables, pero incluye el Gwynt, un juego de cartas in game con las que podemos jugar con posaderos, comerciantes y otros personajes, personalizando nuestro mazo con las cartas que vayamos comprando o ganando. Después de más de 10 años desenganchado del Magic: The Gathering no iba a ponerme a perder tiempo jugando a las cartitas en The Witcher, así que visto el tutorial, visto el Gwynt, aunque estoy seguro que más de uno se pasó más tiempo jugando a cartas que cumpliendo contratos de brujo.

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He disfrutado con The Witcher III, pero también lo he detestado a ratos. He disfrutado con la ambientación y todas las historias, tanto las grandes como las pequeñas, que se detallaban con cada misión. He detestado el impreciso sistema de control, selección y combate. He disfrutado con los gráficazos que en el fondo a todos nos gustan. He detestado tener que pegar esas pateadas épicas por unos territorios quizás demasiado grandes para mi gusto. He disfrutado metiéndome de lleno en un juego de rol como los que ya se hacen poco y he detestado no poder jugar toda la noche hasta que me sangren las córneas como cuando tenía 20 años y menos responsabilidades. Antes he dicho que The Witcher III era mi GOTY 2015 por incomparecencia de otros aspirantes, pero en el fondo sé que si hubiera jugado a veinte juegos más, el GOTY seguiría siendo The Witcher III.

Ahora a por el Batman: Arkham Knight. Espero que no sean 6 meses más…

P.D.: Al que diga “Tanto tiempo sin actualizar para luego publicar esto” en los comentarios le casco el túnel de pollas.

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