La Mafia del Amor

E3 2015 o cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba

Escrito por en Artículos - 22 junio, 2015

Cuando uno piensa en en este E3 2015 lo más normal es la aparición de una sonrisa en el rostro. Es el festival del exceso pero es complicado no pasarlo bien. No hemos tenido oportunidad de vivirlo in situ pero podemos hacernos una idea general de lo que es. Ya son muchos años.

¿Por qué una web como El Píxel Ilustre da tanto calor a un evento masificado como el E3? ¿Dónde queda el mundo indiegente y los juegos de autor que conocen tres gatos? Puede que a algunos se les haya pasado por la cabeza estas cuestiones y no les faltaría razón. El E3 es cubierto sobradamente por todas las webs habidas y por haber, y nosotros siempre andamos dando la murga con lo de “intentar hacer las cosas diferentes”. Pero el E3 es un evento con el que llevamos flirteando desde hace mucho tiempo. Es ya casi una tradición anual el #e3ilustre. Y coño, es jodidamente divertido.

El E3 es humo. Es pirotecnia sin límites. Es estar en la Feria de Málaga bailando rumbita con un sombrero de paja en la cabeza aunque no sea tu música de cabecera. Pero da igual. Te lo estás pasando en grande. Ese dubstep del infierno mientras gente extraña baila en el escenario. Nada que ver con eso de los videojuegos. Es todo tan ridículo que es improbable no disfrutarlo. El E3 es el director de NieR disfrazado de uno de los personajes de su juego mientras aplaude como si estuviera estallando dos platillos todo el rato. Es un circo. Es un evento estúpido pero apasionante.

Ese regustillo por el sueño americano, por el Bigger, Better, Stronger que continúa vigente en cada presentación. Eso sí, aún no soy capaz de entender cuál es la unión de atractivas chicas marcando hamburguesa con Dark Souls 3 pero yo que sé. Quizás sea una feature de la futura entrega. Vamos, es el marketing casposo en su máximo apogeo. Por suerte en Ubisoft se alinearon los planetas y dos mujeres negras se juntaron en el escenario para mandar un mensaje positivísimo acerca de que las cosas en la industria están cambiando. A la más lenta de las velocidades pero menos es nada.

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Quizás el E3 no sea el mejor lugar para predicar acerca de los videojuegos. No es el sitio idóneo para transmitir que este medio está creciendo hacia su consolidación como arte así como que está mirando hacia un horizonte donde no todos los videojuegos son de disparar y hacer equipo. Aquí prima el espectáculo. Pero eso no quita que no haya hueco para propuestas alternativas. Unravel es la prueba de ello. Firewatch es la prueba de ello. The Last Guardian —por fin— es la prueba de ello. Los feelings, ay.

feels

El E3 son gritos. Es exaltarte por la salida de un videojuego que no esperabas. La conferencia de Sony fue un continuo cliffhanger tras otro que parecía que iba a acabar con nuestros corazones. Ellos han ganado el E3 con tres videojuegos y solo uno de esos tres golpes de efecto será exclusivo de su consola. Pero eso no importa. Estaban siendo presentados en su habitación. La alegría llovía bajo su japonés logo. Joder, a mi ni me gusta Shenmue pero igualmente aplaudí muy fuerte ese vídeo tan desaliñado con Yu Suzuki en plan cartón de vino de 30 céntimos mientras intentaba no derramar mi cerveza. El sentimiento era más fuerte que lo acartonado que se veía en pantalla. La emoción sobre la razón. Eso es puro E3.

Antes de que se diera el pistoletazo oficial del evento, Nintendo reinventó esa maravilla llamada Nintendo World Championships. Aquí un público entregado a su marca favorita disfrutaba como nunca de todo lo que aparecía en pantalla. Esa sensación es la que muchos sentimos viviendo el E3. Puede que no sea la labor periodística más eficaz del mundo el levantarte de tu asiento y que la cámara enfoque tus ojos llorosos de alegría. Pero uno no puede hacer otra cosa que sentir empatía por él. Inocente y pura emoción alejada de los fanatismos más feos. Amor por los videojuegos al fin y al cabo.

Hololens. El remake de Final Fantasy VII. Las marionetas de Nintendo. Devolver Digital. Uncharted 4. El sillón vacío —y lleno— de Kojima. Fallout 4. Rare. Dreams. Las charletas de Miyamoto. Recore. Las explosiones de Just Cause 3. El tráiler de SMT x Fire Emblem. La lista de momentos imperecederos es enorme. Todos los años pasa igual aunque nuestra memoria se olvide pronto de ello. Quizás este 2015 ha sido mejor de lo esperado juntando estas menciones con las anteriormente dispuestas. Sé que la mitad de estas emociones acabarán eclipsadas por la caída del hype. Pero no me importa. Me he divertido y entusiasmado con lo vivido aunque todo sea humo. Aquí he venido a jugar por mucho plástico que sea el oro.

Si he sobrevivido a los baños del Viñarock, puedo sobrevivir —encantado de ello— a otro E3. Y feliz de ello.

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