Jaque mate al género

Los Géneros Perdidos: videojuegos de Ajedrez

Escrito por en Artículos - 22 abril, 2015

Cerrad los ojos y retroceded en el tiempo. Sois ese chaval de 11 años que recientemente estrenó su nueva consola de videojuegos. Es Navidad, una de las pocas celebraciones, junto a cumpleaños y buenas notas, en los que te pueden regalar un videojuego. Y ese paquetito rectangular con una etiqueta con tu nombre apunta que esta vez ha habido suerte. Esperas con ansia que sea uno de los bombazos que aparecen en las revistas o uno de los que salen en ese folleto promocional que sabes de memoria. Pero, al retirar el papel te encuentras con esto:

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Y lo jodido es que tienes que poner buena cara. Es un regalo y tienes que dar las gracias. Aunque en un cajón de la cómoda haya un tablero de ajedrez que lleva años sin ver la luz del sol. No me pasó a mí, pero podría haberme pasado. La Espada de Damocles de los juegos de ajedrez estaba ahí, estuvo siempre ahí. Y no es raro que, algún familiar, influido por el oximorón de “videojuego educativo” , intentara aprovechar nuestra pasión por el ocio digital para introducirnos en una afición mucho más sana e intelectualmente prestigiosa como es el Ajedrez.

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El ajedrez es, y sigue siendo, el señor respetable de los juegos de mesa. ¡Que digo, juego de mesa! ¡El ajedrez es un deporte! No denigremos el ajedrez tildándolo de simple divertimento. Por ello, jugar bien al ajedrez sigue siendo a día de hoy un indicativo de gran inteligencia, incluso se abrió el debate recientemente de llevarlo a las aulas como asignatura. Es curioso que, pese a su buena fama, ser el presidente del Club de Ajedrez te convierte automáticamente en el empollón apestado social de la clase… Ni la peli de Harry Potter consiguió que el ajedrez ganara popularidad…

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Pese a todo ello, y aunque pueda parecer lo contrario, no tengo nada en contra del ajedrez. Pero sí que reconozco que te regalaran un juego de ajedrez era una verdadera putada. Era quemar un cartucho inútilmente. A los de mi generación solo al nene rico de la clase le compraban más de tres o cuatro juegos al año. Los exprimíamos, nos los sabíamos de memoria y, cuando queríamos variar, los intercambiábamos con los amigos… ¿Y sabéis qué? Nadie te prestaría su divertidísimo Sonic the Hedgehog a cambio de tu juego de ajedrez.

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Quizás un juego se salvaba de la quema. El único que conseguía maravillar a la muchachada. Me refiero a la saga Battlechess. Al menos no tenía esa aburridísima vista del tablero en vertical y las piezas estaban representadas por monigotes que luchaban a muerte en vistosísimas animaciones. Solo el hecho de intentar ver todas las animaciones posibles podía llegar a ser un aliciente para seguir jugando.

Si a ti te gustaban los juegos de ajedrez y piensas que este artículo es una mierda y te ofende, te aguantas. Tiene que haber de todo en este mundo y peor sería que estuvieras enganchado al Candy Crush. Los demás, estamos de enhorabuena. Aunque los juegos de ajedrez siguen existiendo en forma de App o juego gratuito, las posibilidades que alguien nos regale uno de ellos es prácticamente cero. Esta vez, como excepción en los géneros perdidos, no los echaremos mucho de menos.

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