Un texto sobre otra cosa

The Stanley Parable

Escrito por en Artículos - 31 Diciembre, 2013

El ansioso lector deseaba conocer una opinión contrastada para evitar el innecesario riesgo que supone adquirir un videojuego que no cumpliera con sus expectativas. Por eso, y como cada noche, se llevó su yogurt natural de postre al dormitorio para evitar silencios incómodos en el comedor y se sentó frente al ordenador para ver si en El Pixel Ilustre había un artículo nuevo. The Stanley Parable parecía ser el enésimo juego de moda, así que la lectura le venía como anillo al dedo para conocerlo un poco mejor ahora que estaba con el bolsillo débil en estas fechas tan señaladas. Por eso, decidió continuar leyendo el párrafo siguiente.

Ahí estaba el navegante, ansioso por conocer los entresijos del sesudo videojuego que volvería del revés sus principios más arraigados y le haría comprender los ángulos muertos de su psique que hasta ahora había obviado al considerar el ocio electrónico como algo vacuo y rígido. Al fin y al cabo, la prosa escrita y publicada en el ciberespacio es mucho más sostenible que la anodina opinión de uno. Sea como fuere, ¡brindemos por el libre albedrío, la libertad de expresión y las opiniones encontradas! No somos nadie para imponer juicios, máxime si existen otros lugares mucho más recios y precisos que el presente. No engañemos a nadie y demos alternativas para que todos descubran la información desde el punto de vista que considere oportuno. Para ello, no tienen más que acceder al siguiente enlace o hacer scroll para continuar desde aquí camino hacia una imprevisible conclusión.

ENLACE 1

Así, el lector continuó preguntándose si la profundidad de las palabras de este humilde aficionado serían suficiente aliciente para desembolsar la pequeña cuantía que piden por esta supuesta obra cumbre del (anti) videojuego sesudo y trascendental, del mismo modo que en muchas otras ocasiones se ha visto seducido por ingeniosas frases en las redes sociales de moda, donde se engrandecen las bondades de otros tantos productos a priori magnos. ¿Quién no consideraría a Papers, Please como la quintaesencia del gaming sociológico? ¿Acaso podría existir alguien capaz de pensar a contracorriente ante tantas evidencias que lo afirman? ¿Es usted uno de ellos? Decisiones, lector, siempre decisiones. Quizás sería un buen momento para recurrir a la fuente del problema en lugar de hurgar en la herida. Solo conociendo al enemigo se le puede vencer. Si lo desean, dejen este denso texto y accedan al ombligo de la cuestión, donde se le abrirá un mundo de posibilidades mucho más accesibles. O tal vez no.

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Pero no se dio por vencido, y el vivaz visitante quiso alcanzar la luz al final del túnel esperando un verdadero motivo por el que The Stanley Parable merecía una oportunidad, viendo desgranadas punto por punto sus características, evaluando las horas de diversión que le podía conceder y destripando la trayectoria del medio en cuanto a la implementación de un meta-lenguaje que rompa paredes y estruja corazones. ¿No es esta demasiada expectativa para un producto menor comentado en un medio menor con la menor de las sutilezas a la hora de hacerlo? ¿No hay cosas mejores que hacer? Seguro que en el tiempo en que dura esta lectura unos cuantos miles de críos han nacido, han perecido otros cientos de desgraciados de hambre y alguna oferta de Steam se les puede haber escapado. Hagan mejor algo de provecho si quieren.

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Desde luego, no se puede decir que no son testarudos. Seamos sinceros, a estas alturas no les voy a hablar del juego, ni siquiera les voy a dar razones para probarlo. No me siento capaz de llevarles por senderos que podrían no incumbirles. De hecho, ya he intentado que tomen otros caminos que finalmente han desechado. ¿Realmente merece la pena continuar? Subjetividades aparte, es evidente que si les estoy dedicando todo este tiempo es porque ansío que vivan la experiencia que plantea The Stanley Parable. No ya por hacerles descubrir algo que no conocen, ni por la terrible e impepinable verdad que alberga este no-juego, sino por esa inmunda sensación que impregna todo su planteamiento y que por el bien de todos, es preferible interiorizar.

Aún así, y haciendo una necesaria concesión, les doy la posibilidad de que elijan. No se informen ni dejen influenciar, simplemente elijan si quieren vivir la experiencia. O mejor aún, no lo hagan. Que en cada uno despierte el impulso que considere oportuno en base a lo que aquí he intentado no plasmar.

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