Samus no se merecía esto

Escrito por en Artículos - 27 junio, 2012

Y seguimos con el ciclo de estrógenos en EPI. Hoy: Metroid, una de franquicia decana en esto de los videojuegos y, probablemente, una de los primeras protagonizada por una mujer. Es una pena que Samus, la cazadora de recompensas intergaláctica, que había recibido un tratamiento y caracterización más que correctos hasta hace nada, haya sucumbido a la dejadez de Nintendo, que no dio siquiera un 25 cumpleaños digno a la única chica dura que ha creado.

Samus siempre ha sido un personaje sobrio. No habla mucho, solo en algunos monólogos interiores, y no se le ve la cara en prácticamente ningún momento de los juegos porque va dentro de una servoarmadura de alta tecnología casi mágica que la convierte en un ser humano sobrenatural, aunque esto también se debe en parte por su niñez con los Chozo, una raza ya extinta que crió a esta huérfana humana para ser una guerrera sin parangón.

Es una caracterización que, por desgracia, nos sorprende en un personaje femenino. Y digo por desgracia porque no es nada del otro mundo. Huérfanos criados para ser guerreros hay a punta de pala en la literatura y en el cine. Y sin embargo, es algo raro a priori para un videojuego que no se explote la sexualidad o el atractivo físico del personaje. Y vaya, Samus es una rubiaza de metro ochenta que se contorsiona en una bola minúscula… Debe follar como una bestia. Ay.

Pero bueno, no me desvío. Las únicas dos concesiones a su feminidad que se han hecho durante toda la saga son algo desequilibradas, pero me vais a dejar que triunfe una sobre la otra porque en pocos juegos se habla de la maternidad y de la relación madre hijo, aunque sea de una forma tan sucinta como en Metroid. Vale, todos sabemos que si te pasas los juegos con determinado porcentaje de mapa y objetos descubiertos y en determinado tiempo, Samus aparece ligera de ropa. No todo podía ser perfecto, pero al menos, como digo, la otra parte de Samus es su instinto maternal. Instinto maternal en una cazarrecompensas que ha sobrevivido a varios cataclismos de estaciones espaciales, a muchos virus e infecciones de procedencia extraña y a numerosos clones de sí misma. Y pese a todo, siente piedad por unas bestias que ella misma ayudó a erradicar del universo: los Metroid. Cuando en Metroid II (GameBoy), encuentra el huevo de un bebé metroide, es incapaz de eliminarlo, se apiada de él y la criaturita cree que es su madre. 

No es el único ejemplo de esto en el juego, siendo otro caso muy evidente que el jefe principal del primer juego era Mother Brain, que regresa para despojar de “su niño” a Samus al final de Super Metroid. Y bueno, siempre me ha hecho gracia que el antagonista más recurrente durante la saga, Ridley, tuviera un nombre tan parecido al del personaje de Sigourney Weaver en Alien, la Teniente Ripley, pero esto es una chorrada. El tema, pues, estaba bastante presente en los primeros juegos para luego tornarse remordimiento y culpa en los siguientes (Metroid Fusion ahonda en esto bastante).

Pero bueno, ya me estoy columpiando, porque todo el asunto de la maternidad está presente en el juego como un subtema, no como algo realmente importante. El tema principal de Metroid siempre ha sido pegar tiros, saltar por escenarios alienígenas y acabar con piratas espaciales. Y el personaje es una mujer que simplemente de hacer lo mismo que cualquier protagonista masculino. Exacto, las mujeres en los videojuegos deberían ser capaces de hacer las cosas igual que los hombres en lugar de ser un apoyo de algún tipo, como suelen. No hace falta siquiera reivindicar temas diferentes para hacer un buen personaje femenino. Solo con hacer cosas normales sin ponernos sus tetas en la cara casi bastaría.

Y ahora viene lo malo: todo esto se ha ido a tomar por culo con solo dos juegos: Super Smash Bros Brawl. y Metroid Other M. Dios, como odio Other M. En Brawl, Samus está caracterizada con su traje y todo, pero puede jugarse sin él y… bueno, apreciar unas formas excesivamente voluptuosas. No es que no me gusten un buen culo y unas buenas tetas, pero este no es el personaje que se conocía. No tiene sentido (más que para los pajeros de turno) que, como sale sin la armadura, haya que ponerle varias tallas más de sujetador y el culo más gordo. Ah, y el mono azul bien ceñido, que eso no falte.

En Other M, más de lo mismo, pero mucho peor. Sí, también estamos ante una Samus con culo y tetas y peca en la boca. Qué sería de una rubia sin una pequita bajo el labio para darle morbo, ¿eh? Claro. Para colmo, la ponen a trabajar bajo las órdenes de un viejo mentor y con un cambio de personalidad brutal, consecuencia directa de los MANTAS del Team Ninja. Samus, cazarrecompensas solitaria y dura como el diamante, obedeciendo a un tipo que no le deja usar todos sus poderes porque no le sale de los cojones. Sí, vale, necesitaban una forma de ir desbloqueando sus poderes durante el desarrollo del juego, pero existen formas menos ridículas de hacerlo y sin destrozar la imagen del protagonista. El momento en que entré en la zona de lava sin el traje medioambiental activo, porque no “me dejaban”, dejé el juego. Por absurdo, por joderme al mejor referente de “tía creíble” que había en los videojuegos. Todo este despropósito estaba colmado por las dudas e inseguridades de Samus, que si bien siempre han estado presentes en aquellos monólogos que mencionaba al principio, nunca han sido tan… de quinceañera de Crepúsculo. “Oh, mi mentor no me quiere, oh, lloro, oh”. A TOMAR POR CULO.

Samus no se merecía esto. No necesitaba demostrar que era una mujer con culo y tetas. Ya lo dábamos por hecho. Lo hacíamos cuando veíamos su cara a través del traje, cuando la veíamos matar sin dudar a criaturas infernales que ni el Jefe Maestro o los engulle-anabolizantes de Gears of War han encarado en su vida y cuando completaba misiones imposibles en solitario. Sí, ahí teníamos esas ideas sobre la maternidad, pero no hacen falta para ver que era un personaje bien hecho y creíble, sin excesos ni tonterías en torno a su género.

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