Análisis: Puddle

Escrito por en Análisis - 29 abril, 2012

Puddle ha tenido mala suerte. Si Puddle fuera un juego de ésos programado por cuatro tipos en un garaje y de los que aparecen en los happy hour bundles éstos que les gustan a los indiegentes, ahora todo el mundo estaría diciendo “Jo tío, que bueno es el Puddle”, “Es súper original e innovador” y todo aquel que no lo hubiera jugado sería considerado de un status similar a un blogger de gamefilia. Pero Puddle no solo ha sido lanzado por Konami, si no que también ha aparecido para las plataformas de descarga consoleras (PSN y el Bazar de XBox360), algo que muchos no conciben para mucho más que descargar DLC’s del Call of Duty y activar los online pass…

Puddle significa charco, precisamente porque nuestra misión es conducir un charco de un punto a otro, un charco que puede ser de agua como de otros líquidos como fertilizante, herbicida, combustible, café o nitroglicerina… Y el recorrido nos llevará a escenarios como las tuberías de una casa, un jardín, laboratorios, el interior de un motor e incluso el propio interior del cuerpo humano.

 

¡TO PADENTRO!

Para ello, con los gatillos del mando o el Move inclinaremos la pantalla para otorgar al charquito protagonista de la inercia y fuerza necesaria para poder superar los obstáculos para poder llegar a la meta, meta a la cual deberemos llegar con una cantidad de líquido establecida para superar la fase.

 

Nos conviene no perder demasiado líquido por el camino

Parece sencillo y así se nos muestra en las primeras fases, que nos pasaremos casi sin querer y obteniendo buena puntuación (relacionada con la cantidad de fluido que llega a la meta y el tiempo utilizado para llegar), pero la cosa se va complicando a medida que avanzamos y, a pesar que las fases son tirando a cortas, en más de un caso nos costará varios intentos conseguir superarla. Para esos que se rinden cuando las cosas no les salen bien a la primera, tenemos a nuestra disposición un par de “lloros” (sí, lloros) que nos permiten pasar de nivel sin necesidad de acabarlo como un hombre.

 

Y os aseguro que hay veces que hay que contenerse mucho para usar esos lloros

Lo importante y más logrado de Puddle es la mecánica de fluidos: el charquito se comporta bastante bien al impulso que damos inclinando la pantalla. Se estira, se contrae, se disgrega, se arrastra y empuja compuertas y otros elementos de forma más o menos creíble. Y el juego se adereza con un aspecto gráfico tirando hacia el minimalismo pero muy acertado con el tipo de juego y una banda sonora a la altura, rollo chill out/hilo musical de ascensor. Eso, unido al movimiento de vaivén al que sometemos a la pantalla da resultado un conjunto algo soporífero, como si de un bebé grande en una cuna se tratara.

 

La fabulosa flema voladora

Por eso, dedicarse a pasarse Puddle de una sentada puede resultar algo pesado, pero es un juego ideal para esos diez minutos sin tener nada que hacer o para dedicarle un rato nada más encender la consola o apagarla. Un par de niveles (o intentos) y ponernos a otra cosa. Si tenéis ganas de indiegencias en vuestras consolas, Puddle es lo más parecido que encontraréis a un bundle pero, eso sí, no podréis pagar lo que queráis por él.

Raciones de epildoritas #66

Mercadillo digital vol. 73