Retro ¿Amor?: La Aventura Original

Escrito por en Retro Amor - 1 junio, 2011

Retro ¿Amor?: La Aventura Original

Si tras leer el artículo que publiqué el otro día sobre las aventuras conversacionales pensabais que le tenía cierto cariño al género, os equivocais. Solo evoqué a la nostalgia en cassete como una manera cruel de atraer un puñado de visitas de treintañeros que se creen saber más que los demás porque esperaban 20 minutos para jugar. Mi primera experiencia con las aventuras conversacionales fue un descalabro similar al que tuve con Jet Set Willy. El culpable: La Aventura Original.

“¿Sabías de la existencia de mundos secretos y de aventuras dominados por elfos y enanos y formados por oscuras cavernas, cascadas subterráneas, habitaciones de fuego y puentes de cristal, mundos donde todo se rige por las leyes de la magia? Si ya lo sabías, eres uno de los iniciados. Si te ha sorprendido, es que no conoces la madre de todas las aventuras, LA AVENTURA ORIGINAL”

Seguro que en las instrucciones, Luis Royo citaba la fuente para el espadachín

Así me lo vendieron, y yo, con 9 o 10 añitos, estaba ansioso por vivir esas aventuras. A esa edad ya me creía un niño grande y absolutamente capaz de enfocar mis ratos de ocio a un tipo de videojuegos más adultos (como los niños de ahora que con 12 años son estrellas del Call of Duty). Creía que, al sacrificarse gráficos y animaciones, mi MSX se transformaba en una fuente de inteligencia artificial con la que podía dialogar y describir mis acciones para una inmersión total, como si de una piscina olímpica se tratara, en la Aventura Original.

Ese candado sera el peor de nuestros enemigos durante un buen rato

Pero más que piscina, la cosa resultó ser poco más que un charco y el chasco que me llevé fue impresionante. Al principio, con toda mi cándida inocencia, me mostré educado con el narrador, escribiendo frases enteras y recibiendo como respuesta “No puedes hacer eso” o, peor aún “No te entiendo”. Recuerdo escribir frases como “Bueno, si no podemos ir al este entonces iremos al norte” con el consiguiente fracaso al incluir dos puntos cardinales en el mismo enunciado. La sorpresa que me llevé al descubrir que era suficiente escribir la primera letra de la dirección para movernos.

Años mas tarde, me identifiqué con el “triplicar la productividad” de Homer

Una vez que descubrí que mi MSX no era más inteligente que un bot del twitter o un forero medio de la Meri, intenté relajarme y disfrutar de la Aventura. Pero no pude… Todas las promesas de magia y aventura se fueron al garete al darme cuenta que tenía que buscar una linterna con su correspondiente pila para iluminar una habitación oscura. ¿Están de coña? ¿Una puta linterna a pilas en un mundo de fantasía? ¿Qué será lo próximo? ¿Un cíclope en moto?

Un cíclope en moto no, ¡una zona de picnic!

A pesar de intentarlo con ganas, de perderme mil veces en el bosque y de morir cientos de veces por marcar una dirección incorrecta, despeñándome por un precipicio, saltando desde la copa de un árbol, arrojándome directamente al cráter de un volcán o llamando imbecil al narrador (lanzar un insulto era muerte automática. Lástima que eso no se aplique al juego online actual), no conseguí todos los requisitos (un objeto imprescindible era, atención, una tortilla) para abrir la entrada a la cueva y pasar así a la segunda parte. Y es entonces cuando tengo que dar las gracias a las revistas de la época por darnos la contraseña necesaria para, por lo menos, jugar a la segunda parte de este juego, ya en el interior de la caverna.

Seguro que con esa serpiente no nos va a pasar nada bueno.

Y, una vez nos ponemos a buscar los catorce tesoros ocultos en la cueva, la cosa no se pone mucho mejor. Incluso, de vez en cuando, aparecía el enano Malauva y nos mataba de un hachazo, así, sin aviso ni nada y sin que pudiéramos hacer nada para evitarlo. Aparece un enano y te mata, así, sin anestesia, sin un QTE para esquivarlo. Y nosotros con cara de gilipollas.

A todos nos molan las muertes instantáneas

Y tampoco entendía que hacía Luke Skywalker en la portada, si en todo el puto juego no utilizamos ni un bastón untado en caca como arma, y menos que hacía al lado de una especie de More Grasa (referencia que solo Ciro y algún más de los viejunos pillarán). Tampoco entendía por qué había pantallas que en lugar de un gráfico, más o menos elaborado, nos enseñaban una pantalla genérica con el logo de Aventuras AD. Pocos que había, ¿no podían haber hecho algunos más? Y más aún con descripciones como ésta:

Gracias a los emuladores, me he tomado la revancha!

Así fue mi primer contacto con las Aventuras Conversacionales, quizás menos frustrante que encontrarse en una habitación herméticamente cerrada en El Quijote de la Mancha y no pensar que era necesario escribir “Leer libro” para empezar la aventura, pero frustrante al fin y al cabo. Tanto que no quise saber nada de este tipo de juegos en mucho tiempo y me costó darles una segunda oportunidad, que llegó con Cozumel. Y estoy seguro que no soy el único.

Pues va a ser que no…

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